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lunes 31 de mayo de 2010

Guglielminetti en el banquillo


Raúl Guglielminetti empezará a ser juzgado el próximo jueves 3 de junio por su intervención en el centro clandestino de detención Automotores Orletti. El ex espía del Ejército será juzgado junto a otros ex altos mandos militares que operaron en ese centro clandestino que estuvo bajo la órbita de la SIDE en 1976, y funcionó en el barrio porteño de Floresta. El juicio comenzará el jueves, a las 10, en los tribunales de Retiro, y estará a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal 1, integrado por los jueces Adrián Grunberg, Oscar Almirante y Jorge Gettas. De acuerdo con la investigación, llevada a cabo por el juez federal de Primera Instancia Daniel Rafecas, Orletti estuvo bajo la órbita del fallecido ex jefe de la Triple A, Aníbal Gordon, y dependía funcionalmente de la Secretaría de Inteligencia del Estado, a cargo entonces del también fallecido Otto Paladino. Será la primera vez que Guglielminetti, apodado “Mayor Guastavino”, enfrentará un juicio oral por delitos cometidos en la dictadura, tras ser detenido en 2006 por orden del juez Rafecas y luego de que en democracia se reciclase como jefe de la custodia presidencial de Raúl Alfonsín.



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LA CAUSA POR SUSTRACCION DE DOCUMENTOS Y DINERO EN DERECHOS HUMANOS BONAERENSE


LA CAUSA POR SUSTRACCION DE DOCUMENTOS Y DINERO EN DERECHOS HUMANOS BONAERENSE

El robo a la secretaría va a juicio

Concluyó la investigación por los hechos ocurridos en diciembre y la Cámara platense rechazó pasar el caso a la Justicia federal. En medio de la causa se profundizó un conflicto interno entre el subsecretario de Derechos Humanos provincial y funcionarios cesanteados.


Por Adriana Meyer

La causa por el robo a la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense culminó su etapa de investigación y fue elevada a juicio oral por el fiscal Marcelo Martini, con cuatro imputados que el 30 de diciembre pasado se llevaron dinero, aparatos electrónicos e información del despacho de la secretaria Sara Derotier de Cobacho. La Cámara rechazó pasar el caso al fuero federal, por lo cual será juzgado como un simple robo. Durante estos meses, el devenir de la causa exasperó las diferencias internas entre un grupo de funcionarios políticos y el subsecretario Fernando Cano.

Uno de los episodios que reflejaron el conflicto ocurrió a fines de marzo cuando Gustavo Jacob, José María Ernst y Juan Gómez se negaron a ir a un reconocimiento de los detenidos por el robo, con el argumento de que habían sido “apretados” por el subsecretario Cano y su esposa, Amanda Cerutti, nieta de Cobacho. Según expresaron en una carta de renuncia, Cano y un abogado ajeno a la secretaría los “coaccionaron para ir a una rueda de reconocimiento, porque por decisión de Sara era conveniente que fuéramos solos porque ya estaba arreglado con la fiscalía cerrar la causa con un juicio abreviado”. Los tres se negaron a cumplir esa “orden espuria” y aclararon que no sospechan de la fiscalía sino de Cano y Cerutti, a quienes acusan de “ensuciar a quien disiente”. En la misma carta arrojaron dudas sobre ambos al afirmar que “el manejo del presupuesto y la caja fuerte de la secretaría lo tienen ellos”, y al destacar que Pablo Césaro (uno de los acusados que serán juzgados por el robo) era chofer del subsecretario.

“Por supuesto que Cano los apretó, les dijo que no se podían negar a cumplir una orden judicial, yo demoré en presentarme a esa rueda porque estaba descompuesta en mi casa, luego del asesinato de Silvia Suppo, pero me enojé mucho cuando supe que no fueron”, contó Cobacho a Página/12. La funcionaria dividió las aguas al afirmar que fue doloroso para ella separar a estas personas por la confianza y el trabajo conjunto de años, pero no dudó en respaldar sin fisuras a Cano. “Me ofende que duden de Cano porque es como si dudaran de mí”, dijo.

El reconocimiento era para identificar a uno de los acusados como autor material, Gastón De Rito, que entró armado con Juan Mateos al despacho de Cobacho y estuvo prófugo. A la semana siguiente fueron todos de nuevo a la fiscalía, pero De Rito se negó a presentarse. “Ahí me generaron más dudas, entonces eché a dos más, funcionarios políticos no trabajadores”, dijo la funcionaria, y así devolvió el guante de la sospecha arrojado por sus ex colaboradores. “¿Qué ha cambiado, compañera, nosotros que siempre bregamos por la memoria, verdad y justicia, ahora ‘arreglamos causas’ y queremos que cierren sin investigar la verdad?”, se habían preguntado Jacob, Ernst y Gómez. Cobacho negó cualquier apuro por finalizar la investigación.

De todos modos, el fiscal Martini no basó su acusación en este cruce de sospechas mutuas. “No hubo ningún acuerdo para terminar la causa, se hizo cuando estuvo todo probado”, comentó a este diario una fuente de la fiscalía. Los cruces de llamados entre el entregador Césaro y los autores materiales fueron determinantes y no aparece ninguno que vincule a su jefe (el subsecretario Cano) con el hecho, según afirmó una fuente del caso. Los autores materiales fueron Mateos y De Rito, el cómplice fue Rodrigo Cano Moriconi (sin vínculo con el subsecretario), que hizo de “campana” y fue el comprador de lo robado. Este último tiene contactos con los negocios platenses de la pirotecnia y estaría vinculado con la hinchada de Gimnasia y Esgrima. La negativa de De Rito a presentarse al reconocimiento le jugó en contra a la hora de ser acusado. Pero tanto al fiscal Martini como a Cobacho les quedó un sabor amargo porque la Cámara federal de La Plata no aceptó que el caso pase a la Justicia federal por su “gravedad institucional”. Martini comprobó que la información que la funcionaria tenía en su computadora portátil fue copiada, y los legajos referidos a procesos por violaciones a los derechos humanos sustraídos de la caja fuerte, además de los datos sobre denuncias por abusos de la Policía Bonaerense, nunca aparecieron. Por esto ambos sostuvieron desde el principio que no se trató de un robo común. Al menos, a la acusación final de “robo agravado por el uso de armas” el fiscal agregó “violación de secretos de Estado”.


Cabos sueltos

Una de las personas que estaban en el despacho durante el robo afirmó que Sara gritó “se llevaron la plata, esa plata nunca la vamos a recuperar”. Pero más tarde la funcionaria se habría rectificado diciendo que ese dinero ya había sido depositado. Página/12 pudo saber que la versión sobre la sustracción de 190 mil pesos en lugar de los 11 mil que Cobacho afirmó que le sacaron de la cartera, que eran su pago como senadora y su pensión, fue introducida en forma intencionada por la defensa de los acusados y recogida en el expediente en medio del irregular operativo de devolución de la computadora, al punto que el fiscal invalidó el acta y la envió a estudio de Asuntos Internos. Consultada en su momento por este diario, Cobacho dijo que eso es “imposible” porque “nos manejamos con mucho menos”, y un empleado con mucha antigüedad en la secretaría, no precisamente alineado a la funcionaria, confirmó que “no es un lugar de recaudación de dinero”.

El ex subdirector de Promoción de la Secretaría Daniel Vicente Cabezas había pedido en marzo la renuncia del subsecretario Fernando Cano por vaciar el organismo, frenar trabajos de derechos humanos y utilizar su puesto con aspiraciones políticas. Cabezas también vinculó al funcionario con la teoría de los dos demonios y planteó dudas sobre el destino del “millonario presupuesto” del organismo. Cabezas fue despedido tras atribuírsele un mail anónimo contra Cano. En su defensa salió el también ex director de Promoción y Protección de los Derechos Humanos Germán Córdoba, quien abonó la teoría de los 190 mil pesos robados y también acusó a Cano de vaciar de contenido la secretaría: mencionó una confrontación permanente con los empleados y “una caza de brujas”, el despido de los promotores territoriales y el impedimento a toda gestión en las cárceles. “No hay ningún vaciamiento ni Cano defiende esa teoría”, dijo Cobacho. Según explicó, es un abogado sindicalista echado de la Aduana “por querer defender a compañeros”, trabajó con Alicia Pierini y luego con Juliana Marino. “Su compromiso es cuidarme las espaldas en cuanto a temas administrativos que no puedo manejar”, agregó.

Un trabajador de la secretaría aseguró a Página/12 que la mayoría de las denuncias contra Cano son ciertas, pero destacó que son las mismas que ellos les venían planteando a varios de los funcionarios despedidos y a la propia Cobacho, sin respuesta: “Lo dicen ahora que los sacaron y cargan sólo contra Cano cuando es la propia Cobacho quien lo respalda ahora y siempre”. Para el renunciado Córdoba, antes del robo Cobacho frenaba cualquier iniciativa autoritaria de Cano y luego las avaló y “se atrincheró en su núcleo duro”. Los trabajadores de la secretaría sólo ven pasar un conflicto interno que no les pertenece.



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domingo 30 de mayo de 2010

La Justicia echa luz sobre el centro clandestino "Automotores Orletti"


EL JUEVES SERA LA PRIMERA AUDIENCIA POR LO OCURRIDO DURANTE LA ULTIMA DICTADURA MILITAR

La Justicia echa luz sobre el centro clandestino "Automotores Orletti"

El ex agente civil de inteligencia del Ejército en la última dictadura, Raúl Guglielminetti, será juzgado junto a otros ex altos militares por participar de los delitos de lesa humanidad cometidos en ese centro clandestino de detención. Macarena Gelman, nieta del poeta Juan Gelman e hija de desaparecidos, será una de los tantos testigos que brindarán testimonio en el marco de la causa.



Será la primera vez que Guglielminetti, apodado "mayor Guastavino", enfrente un juicio oral por delitos cometidos en la dictadura, tras ser detenido en 2006 por orden de Rafecas y luego de que en democracia se reciclase como jefe de la custodia presidencial de Raúl Alfonsín.

La Justicia acusó a Guglielminetti de "privación ilegal de la libertad agravada por su comisión mediante violencia o amenazas, reiterado en 25 oportunidades -dos de ellas calificadas además por su duración superior a un mes- en concurso real con el de imposición de tormentos, reiterado en 25 ocasiones, en calidad de autor material", tras probar que el ex agente de inteligencia del Batallón 601 del Ejército participó de lo ocurrido en "Orletti".

El juicio comenzará el próximo jueves a las 10 en los tribunales de Retiro a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal 1, integrado por los jueces Adrián Grunberg, Oscar Amirante y Jorge Gettas.

Como querellantes intervendrán la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, y abogados de organismos de derechos humanos o familiares de víctimas, entre ellos los letrados Carolina Varsky, Alcira Ríos, Rodolfo Yanzón y Pablo Llonto, entre otros.

De acuerdo a la investigación llevada a cabo por el juez federal de primera instancia Daniel Rafecas, "Orletti" estuvo bajo la órbita del fallecido ex jefe de la Triple A, Aníbal Gordon, y dependía funcionalmente de la Secretaría de Inteligencia del Estado, a cargo entonces del también fallecido Otto Paladino.

Además de Guglielminetti serán juzgados el ex vicecomodoro de la Fuerza Aérea, Néstor Guillamondegui; el ex coronel del Ejército Rubén Visuara, el ex general Eduardo Cabanillas y los ex agentes de la SIDE Honorio Martínez Ruiz y Eduardo Ruffo.

Todos están procesados con prisión preventiva por privación ilegal de la libertad, imposición de tormentos y homicidio calificado, en perjuicio de 65 víctimas, cargos que prevén condenas máximas de prisión perpetua.

El juez Rafecas acusó también a los detenidos por el homicidio de seis personas, entre ellas el hijo del poeta Juan Gelman, Marcelo, cuyos restos aparecieron dentro de tambores hundidos en el Río Luján. Por su desaparición, y la de María Claudia García, compañera de MArcelo, declarará en la causa MAcarena Gelman, la hija de ambos y nieta del poeta Juan Gelman.

La causa por "Automotores Orletti" es un desprendimiento de la megacausa que investiga delitos de lesa humanidad cometidos en el ámbito del Primer Cuerpo del Ejército, reabierta tras la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. "Automotores Orletti" funcionó como centro clandestino de detención desde mayo a noviembre de 1976 en Venancio Flores 3519/21, entre Emilio Lamarca y San Nicolás, emplazado en medio de casas bajas de familia en el barrio de Floresta.

Por allí pasaron unos 200 secuestrados, muchos uruguayos como Jorge Zaffaroni y Maria Emilia Islas, padres de Mariana Zaffaroni Islas, una de las nietas recuperadas por Abuelas de Plaza de Mayo.



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INDAGARON A LOS CINCO DETENIDOS POR LA CAUSA FECED


INDAGARON A LOS CINCO DETENIDOS POR LA CAUSA FECED

El arte de negar todo

Se trata de Carlos Martín Ramos, Ernesto Vallejo, Julio
Héctor Fermoselle, Pedro Travagliante y Ovidio Marcelo
Olazagoitía. Los represores hicieron escuetos descargos
.



Por José Maggi

Cinco represores miembros de la Patota de Feced fueron detenidos el último jueves e indagados durante largas horas por la justicia federal. Estas son las imputaciones y sus -escuestos- descargos.

* Carlos Martín Ramos, 55 años, divorciado, ocupación: taxista. Retirado de la Policía de Santa Fe con el grado de agente, con domicilio en calle Lorenzini 4676. Se le imputa haber formado parte como personal policial -bajo el apodo de Kung Fu- del aparato represivo que funcionara en el Servicio de Informaciones. Concretamente se lo acusa de haber intervenido en la privación ilegítima de la libertad mediando violencia y amenazas de Carmen Lucero, Osvaldo Daniel Bas y Mansilla, Máximo Antonio Mur y Gustavo Angel Roberto Piccolo.

Ramos fue el único de los cinco detenidos que aceptó contestar algunas preguntas: mego el apdo de Kung Fu, desconoció los hechos porque asegura haber ingresado a la Policía en octubre de 1977, y destinado a Villa Gobernador Gálvez, aunque luego aceptó que fue traslado a la Alcaidía Mayor en 1978. "Lo único que hice fue trasladar detenidos pero sin esposas y hasta en colectivo porque no teníamos móvil, desde Villa Gobernador Gálvez a Tribunales". Y aclaró que "en la Alcaidía no hacía traslados. Era cabo de guardia y nunca estuve en el Servicio de Informaciones".

Su estrategia pareció desmoronarse al final: reconoció que su último destino antes de retirarse de la fuerza a los 28 años, fue el Comando Radioeléctrico, donde prestó servicios a las órdenes del comisario Santa Cruz, más conocido por su apodo "Pato", uno de los símbolos del gatillo fácil en la historia de la fuerza.

* Ernesto Vallejo, alias Managua tiene 61 años de edad, es casado y policía retirado, con domicilio en calle Marcos Paz 2991 de Villa Gobernador Gálvez. Se lo imputa de haber participado en la privación ilegítima de la libertad mediano violencia y amenazas de María Inés Luchetti de Bettanín, Herminia Acevedo de Fernández, Carmen Lucero, Stella María Hernández, Ester Eva Fernández, Gregorio Larrosa, Ana María Moro de Cheroni, Carlos Enrique Pérez Risso y Francisca Van Bove.

También se lo acusa del secuestro mediando violencia, amenazas y tormentos de Máximo Antonio Mur, Ester Cristina Bernal, Gustavo Rafael Mechetti, Mirta Isabel Castellini y Hermenegildo Acebal. "Quiero dejar en claro que trabajaba en una dependencia policial y que no tengo ningún apodo" es lo único que declaró Vallejo.

* Julio Héctor Fermoselle, tiene 60 años, es policía retirado de la policía santafesina, vive en Alsina 1955 de Rosario y es patrocinado por el abogado Gonzalo Miño, miembro del equipo de defensores del general Ramón Genaro Díaz Bessone, liderado por Rafael Sarmiento. Bajo el alias de Darío, se le imputa a Fermoselle haber intervenido en el secuestro mediante violencia y amenazas de Stella Maris Porotto de Cheroni, Hugo Daniel Cheroni, Ana María Moro de Cheroni, Ester Eva Fernández, Laura Judith Hanono, María de las Mercedes Sanfilippo, Francisca Van Bove, Nelly Balestrini de Larrosa y Gregorio Larrosa. También se le imputa el secuestro y la tortura de Eduardo Raúl Nasini, Juan Alberto Fernández y de Manuel Angel Fernández.

Fermoselle negó el apodo de Darío, aunque reconoció que prestó "servicios en el Servicio de Informaciones como agente pero no estaba destinado a formar parte de ninguna asociación ilícita, ya que ese Servicio forma parte de la estructura policial". Finalmente negó conocer a quienes lo acusan, y recordó que en 1984 ya había prestado declaración por estos mismos hechos ante la Cámara Federal

*Pedro Travagliante, alias Rulo tiene 60 años, está casado en segundas nupcias, es policía retirado, con domicilio en Pasaje 13 de Agosto Nº 675. Se le imputa haber participado en la privación ilegítima de la libertad mediando violencia y amenazas de Carmen Lucero, y en el secuestro y tortura de Laura Alicia Torresetti. Travagliante negó el apodo, y dejo constancia de que trabajó "en la Unidad Regional II con la jerarquía de agente".

* Ovidio Marcelo Olazagoitía, alias Vasco, de 75 años, retirado de la policía provincial, con domicilio en avenida Francia 1173. Se le imputa haber participado en la privación ilegítima de la libertad mediando violencia y amenazas de María de las Mercedes Sanfilippo, Gregorio Larrosa, José Esteban Fernández y Graciela Beatriz Borda Osella. También se lo acusa del secuestro y torturas de Ester Cristina Bernal y de Eduardo Raúl Nasini.

Olazagoitía trató de defenderse dando lástima con su sola declaración: "No voy a prestar declaración. Me han leído cosas que no sé de qué se tratan, soy víctima de un ACV (Accidente Cerebro Vascular) con medio cuerpo y con las secuelas de estar quebrado actualmente. No quiero decir nada más", concluyó el Vasco.

Todas las declaraciones fueron tomadas por el juez federal Marcelo Bailaque, junto a su secretario Gonzalo López Quintana, la presencia de la defensora oficial y el fiscal federal Gonzalo Stara. josemaggi@pagina12.com.ar



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MENSAJE DE CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER A LOS MILITARES EN EL ACTO POR EL BICENTENARIO DEL EJERCITO


MENSAJE DE CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER A LOS MILITARES EN EL ACTO POR EL BICENTENARIO DEL EJERCITO

“Cuando confundieron su rol, hubo amargas derrotas”

La ceremonia fue en el Colegio Militar. La encabezó la Presidenta, quien destacó que “pudimos construir nuestras victorias más importantes cuando la Nación fue, por sobre todas las cosas, pueblo”. Hubo un desfile en el que participaron cuatro mil soldados.


”Pudimos construir nuestras victorias más importantes cuando la Nación fue por sobre todas las cosas pueblo, dirigida también por quienes tenían el honor de ser su brazo armado. Cada vez que ese brazo armado confundió su rol y se separó de su pueblo, hubo amargas derrotas. Creo que es el aprendizaje que todos debemos hacer en estos 200 años de historia.” La reflexión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner tuvo lugar ayer en el Patio de Honor del Colegio Militar de la Nación, ante más de mil oficiales, durante la conmemoración del bicentenario del Ejército. En el primer turno, el jefe de esa fuerza, teniente general Luis Alberto Pozzi, admitió que la historia alterna “luces y sombras” pero aseguró que la institución celebra “el reencuentro con nuestro pueblo” y que ha internalizado “que el único camino posible es respetar la Constitución nacional y los derechos humanos”.

El acto en El Palomar comenzó al mediodía, media hora después de lo previsto, y concluyó con un desfile pasado por agua de cuatro mil soldados y 91 vehículos militares. El escenario de vitrales imponentes, con los nombres de todos los egresados del Colegio Militar, fue el mismo en el que Néstor Kirchner ordenó seis años atrás retirar los retratos de los dictadores Videla y Bignone de la galería de ex directores. La Presidenta llegó acompañada por su gabinete en pleno y saludó con una sonrisa hacia las bandejas superiores. Compartió la primera fila con Pozzi, la ministra de Defensa, Nilda Garré, el gobernador Daniel Scioli y el jefe de Gabinete Aníbal Fernández.

Abrió el acto el sacerdote católico Pedro Candia, vicario a cargo del obispado castrense. “Oremos”, propuso. Agradeció “a Dios padre” por haber enviado a Cristo, destacó el “renovado compromiso (de las Fuerzas Armadas) con la vida democrática”, reivindicó “el espíritu de mayo” de 1810, e invitó a rogar “por quienes nos precedieron, para que (Dios) los acoja por sus buenas obras”.

Luego tomó la palabra el teniente general Pozzi, jefe del estado mayor general del Ejército. Recordó que antes de 1810 la libertad era “una utopía” y que aquel 29 de mayo, cuando la Primera Junta dictó la Proclama a los Cuerpos Militares de Buenos Aires, nació el ejército “como instrumento al servicio de la voluntad soberana”. Consideró que de “un repaso objetivo y desapasionado” de los dos siglos siguientes surgen “logros pero también frustraciones, aciertos y desaciertos, luces y sombras”. “Todos dejaron profundos surcos en la memoria”, aseguró.

“Este Ejército del bicentenario es una institución renovada”, que atraviesa “un saludable e irreversible proceso de transformación y modernización”, dijo Pozzi. Aclaró que “es conducido por el Ministerio de Defensa”, tal vez para diferenciarlo de los tiempos en que voceros militares fungían de ministros, y destacó “ejes” del presente: el rol central de la actividad operacional, el nuevo sistema de Justicia militar, la plena incorporación de la mujer a las fuerzas y el aporte a la industria nacional. “Aprendimos que el único camino posible es respetar la Constitución Nacional y los derechos humanos, con justicia y pasión por la libertad”, afirmó. Consideró que “celebramos hoy el reencuentro con nuestro pueblo”, que “la comunión pueblo-ejército o civiles-militares selló el origen y el destino del Ejército”, y rogó “a la santa patrona Virgen de la Merced” que lo ilumine.

La Presidenta dio su discurso detrás de un atril y sobre una tarima de alfombra roja que le acercaron tres granaderos. Reiteró su “altísimo honor” de ser comandante en jefe de las Fuerzas Armadas pero prefirió “hablar desde un lugar que nos es común a todos y que tal vez sea superior a los honores, que es el orgullo de ser ciudadanos argentinos, con uniforme o sin uniforme”. Coincidió con Pozzi en que el Ejército alternó “gloriosas victorias y amargas derrotas” y observó que “la actitud de la gente” en los actos del Bicentenario permitió identificar cada momento. Recordó tres: el cruce de los Andes, cuando “se cantó la ‘Marcha de San Lorenzo’ como nunca en mi vida la había oído cantar”; “el paso del Exodo Jujeño que rememoraba la gesta de ese grande que fue el general Belgrano y que consolidando el Frente Norte permitió la victoria y el cruce de los Andes”, y la Vuelta de Obligado, cuando “el entonces brigadier Juan Manuel de Rosas les impuso una derrota a los imperios más importantes atravesando con cadenas el río y reafirmando la soberanía nacional sobre nuestros ríos”.

“Luego vinieron las sombras o amargas derrotas. No quiero hacer hincapié porque todos las conocemos y las sufrimos”, concedió a un auditorio que incluía a decenas de viejos oficiales retirados, pero propuso buscar “el hilo conductor” que permita explicar unas y otras, y se respondió a sí misma que las victorias llegaron “cuando sus Fuerzas Armadas se constituyeron en el brazo armado de la Nación”. Destacó que San Martín no cruzó los Andes con dirigentes políticos, que “incluso se oponían desde Buenos Aires”, sino con el pueblo. “Cuando Belgrano mandó quemar Jujuy, lo hizo su pueblo”, dijo, y “cuando Güemes con sus soldados mal vestidos, casi con harapos, custodiaba la frontera del Norte, eran el brazo armado de la Nación junto al pueblo”, agregó. Conclusión: “Pudimos construir nuestras victorias más importantes cuando la Nación fue por sobre todas las cosas pueblo, dirigida también por quienes tenían el honor de ser su brazo armado. Y cada vez que ese brazo armado confundió su rol y se separó de su pueblo, hubo amargas derrotas”.

Como símbolo del presente y el futuro de las Fuerzas Armadas que también pudieron apreciarse durante los actos del Bicentenario destacó los radares que los militares construyen junto con el Invap, y recordó “el protagonismo absoluto” que alguna vez tuvieron “en el desarrollo de la industria nacional”. A los nostálgicos de las botas les apuntó que “no organizamos un parque de diversiones ni una kermesse sino una conmemoración de nuestra historia, con nuestros claros y nuestros oscuros”, y se manifestó “absolutamente convencida de que todos los argentinos, con o sin uniforme, hemos aprendido y hemos entendido”. Luego del “¡Viva la Patria!” de rigor, trompetistas de guantes blancos despidieron a la Presidenta con la “Marcha de San Lorenzo”.

La jornada concluyó con el desfile de cuatro mil soldados de todas las especialidades y con una demostración del equipamiento pesado con el que cuenta el Ejército. Marcharon empapados cadetes del Colegio Militar, ex combatientes de Malvinas, buzos, paracaidistas, soldados con uniformes de sauce llorón y, por primera vez, tropas de inteligencia de combate, formadas con sus jefes y banderas. También pasaron a pie los miembros del Batallón de Asalto Aéreo, quienes pilotean los helicópteros HUEI que en estos momentos se modernizan en Campo de Mayo. Entre los vehículos se distinguieron los Gaucho de fabricación nacional y varias unidades del Tanque Argentino Mediano que el Ministerio de Defensa ordenó modernizar. Al final desfiló una cohetera con 27 lanzaderas, que se está fabricando experimentalmente en Defensa y que según fuentes del ministerio a cargo de Garré llegarán en dos años a cada una de las doce brigadas del Ejército.



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Lesa humanidad: confirman procesamiento de ex jefes militares por el secuestro de sindicalistas


Lo dispuso la Cámara Federal de San Martín, con relación a Santiago Riveros y Fernando Verplaetsen. Fue en una causa en donde se investiga el secuestro y tortura de ocho delegados de la empresa Astilleros Mestrina, ocurrido en 1976. Fallo completo

La Sala I de la Cámara Federal de San Martín confirmó los procesamientos del ex general Santiago Riveros y del ex jefe de inteligencia Fernando Verplaetsen, en una causa en donde se investiga el secuestro y posterior tortura de ocho delegados sindicales de la empresa Astilleros Mestrina, ocurrido en 1976.

Ambos imputados fueron procesados por los delitos de “allanamiento ilegal, privación ilegal de la libertad cometida por abuso funcional y doblemente agravada por violencia y amenazas e imposición de tormentos”.

Según los camaristas, “de los abundantes testimonios que obran agregados al caso se advierte que el 24 de marzo de 1976, un camión con personal del ejército vistiendo uniforme de fajina y vehículos militares al mando del Teniente Coronel Molinari, detuvo a Hugo Omar Lascano, Antonio Pandolfino, y Hugo Rezeck, que se encontraban cumpliendo sus tareas habituales dentro de la empresa ubicada en la calle Chubut y Río Luján, del partido de Tigre”.

“Al día siguiente, ocurrió lo mismo con Carlos Boncio, Cecilio Albornoz y Zoilo Ayala. Por otra parte, Rubén Honoré y Rado Roqueta fueron privados de la libertad el 29 de ese mes, de su domicilio ubicado en la calle Beruti n° 81 del partido de Tigre”, agregaron los jueces.

Al referirse a la responsabilidad de Riveros, los magistrados indicaron que “como bien ya se ha señalado en anteriores oportunidades, el cargo que revestía Riveros era el de Jefe del Comando de Institutos Militares. En consecuencia, poseía el control operativo absoluto sobre el territorio que formaba la llamada Zona de Defensa IV, y con tal carácter dirigía la lucha contra la subversión y en consecuencia decidía las acciones a emprender”.

En tanto, se tuvo por probada la responsabilidad penal de Verplaetsen en esos mismos hechos como consecuencia de las funciones que desempeñó como jefe del Departamento II de Inteligencia de Campo de Mayo.


http://www.cij.gov.ar/nota-4194-Lesa-humanidad--confirman-procesamiento-de-ex-jefes-militares-por-el-secuestro-de-sindicalistas.html

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Cinco sobrevivientes recorrerán lo que fue su lugar de detención


Domingo 30 de Mayo de 2010 Harán una inspección ocular en la ex Jefatura


Cinco sobrevivientes del centro clandestino de detención que funcionó hasta 1977 en un sector de la ex Jefatura de Policía serán los encargados de guiar a los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Federal (TOF) por los rincones y restos edilicios que quedan del inmueble la que se accedía por calle Santa Fe, entre Junín y avenida Salta.

Carlos Gallardo, Raúl Elías, Gustavo Holmquist, Carlos Soldati y Luis Ortiz testificaron en febrero sobre sus secuestros y los tormentos sufridos en el lugar, que formaba parte de la manzana de la ex Jefatura (actualmente la ocupa el Ministerio de Educación y la Brigada de Investigaciones de la Policía), durante las audiencias en el proceso contra militares y policías que se sustancia en la Justicia Federal.

Todos precisaron los distintos ambientes en que estuvieron detenidos (en estricta vigilancia al principio, y luego con un régimen de menor presión) y la sala de torturas. Sus declaraciones fueron coincidentes en los puntos centrales, independientemente del grado de precisión de cada una. Ahora deberán ubicar los lugares descriptos en las edificaciones y en el terreno, que fue profundamente modificado en estos 33 años de utilización.

La inspección ocular al predio se concretará el jueves, a partir de las 10, ordenada por los vocales Carlos Jiménez Montilla, Gabriel Casas y Josefina Curi, quienes sustancian la causa por violaciones a los derechos humanos contra Luciano Benjamín Menéndez; Roberto Heriberto Albornoz y Carlos y Luis Armando de Cándido.

Del relevamiento podrán participar tanto los acusados como sus abogados defensores; los querellantes; el fiscal federal ante el TOF, Alfredo Terraf y los acreditados en el juicio oral.

Nuevos testimonios

Las audiencias se reanudarán el martes, desde las 9.30, con seis nuevos testigos: Nélida Cainzo de Mitrovich; Mirta del Valle Aldeco; Marta Rondoletto; Héctor Fontanarrosa; Hugo Pavón y Oscar Ocampo. El miércoles será el turno de Saturnina Graciela Saeraspe; Aldo Floreano Stefanitti; Aída Molina de Ibarra; Nilda Yolanda Bordón de Martorell; Víctor Horacio Gentilini y Pedro Raúl Solórzano.

Si bien aún no fue confirmado, el jueves, luego del recorrido por la ex Jefatura, podrían declarar los periodistas Magdalena Ruiz Guiñazú y Ricardo Kirschbaum, quienes serían citados mañana.



http://www.lagaceta.com.ar/nota/380993/Politica/Cinco_sobrevivientes_recorreran_lo_fue_su_lugar_detencion.html

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LOS JUZGADOS DE MENORES TIENEN EXPEDIENTES CON DATOS DE BEBES DE MADRES EN CAUTIVERIO DURANTE LA DICTADURA


LOS JUZGADOS DE MENORES TIENEN EXPEDIENTES CON DATOS DE BEBES DE MADRES EN CAUTIVERIO DURANTE LA DICTADURA


Datos para armar la reconstrucción histórica


Los documentos judiciales no llegaron todavía a quienes trabajan para investigar lo ocurrido con los niños apropiados por el terrorismo de Estado. De esos legajos, dos de ellos no pueden encontrarse y se presume que fueron destruidos.



Por Alicia Simeoni

Una cantidad de expedientes que contienen los datos de bebés nacidos con sus madres en cautiverio durante la dictadura militar, o bien de quienes echó mano la Policía de Menores después del asesinato de sus padres, o de algunos de ellos en uno de los momentos más terribles del terrorismo de Estado, se encuentran en el juzgado de Menores Nº 2 de los Tribunales provinciales. Esos registros no llegaron, todavía, a las manos de quienes trabajan en la investigación histórica para reunir elementos probatorios de cada uno de los hechos que forman parte de los delitos de lesa humanidad cometidos en la zona de acción del Segundo Cuerpo de Ejército, en especial en Rosario. Muchos de los expedientes corresponden a chicos que fueron restituidos a sus familias en situaciones que ya son públicas, otros deberán estudiarse para determinar si corresponden al origen recién mencionado, pero todas las tramitaciones pueden dar pistas para la reconstrucción histórica de la que fue la supresión de identidad y la apropiación de los chicos en la Argentina en el período que va, sobre todo, entre 1976 y 1980. Por otra parte, existen casos de niños NN que además de pasar por el ámbito policial, desde donde eran derivados al juzgado, fueron llevados antes al Hogar del Huérfano de Rosario. Al menos dos de esos expedientes, que corresponden a bebés de quienes no se conocía nombre y apellido desaparecieron, no pudieron encontrarse y puede presumirse que fueron destruidos en virtud de la ley que lo permitía. El listado que comprende cada uno de los casos llegó a la Unidad Fiscal de Asistencia para las causas de Derechos Humanos que funciona en el edificio de los Tribunales Federales de Rosario, una instancia que deberá decidir cómo contar con la información contenida en esos escritos y también con aquella que seguramente existe puertas adentro del juzgado de Menores Nº 1 que estuvo a cargo de Jorge Zaldarriaga, secretaría de Juan Leandro Artigas. Justamente Artigas pasó a ocupar la titularidad del Nº 2, en reemplazo de Clotilde Cariello, en 1980.

Varios de los nombres y apellidos de los niños cuyos expedientes permanecen en el juzgado de Menores Nº 2 de los Tribunales provinciales de Rosario -durante los años de plomo, el fuero contaba con sólo 2 juzgados , corresponden a niños y niñas hijos de víctimas que pasaron por el Servicio de Informaciones de la Policía de Rosario aunque no todos fueron asesinados allí. Así están los legajos de Mariana y Josefina Victoria González, hijas de Ruth González y Dardo Tosetto, ambos asesinados, mientras las chicas fueron criadas por su tía abuela; el de Federico Irurzún Bolatti, hijo de Hugo Irurzún y de María Cristina Bolatti, también muertos y el chico criado con la abuela paterna, Ada C. de Irurzún; la carpeta que contiene los datos de María Lucila y Jorge Francisco Santillán, hijos de la pareja compuesta por Carlos Benjamín Santillán y María Cristina Lanzilotto, ambos muertos; las actuaciones respecto de Karina Eva Josefina y Juan Pablo Tripodi, hijos de Daniel Adolfo Tripodi y de Myriam Nencioni, entregados a su abuelo paterno.

También está el expediente de María Paula y Pablo Luis Catena, hijos de Mario Luis Catena y Stella Maris Báez, quienes muerto su padre fueron a vivir con su madre en Corrientes; el de Mariana, Carolina y Cristina Inés Bettanin, hijas de Leonardo Bettanin, asesinado, y de María Inés Lucchetti; el que corresponde a la entonces niña Paula Maggio, hija de Roque Maggio y de María Adriana Es, entregada a su abuelo paterno, Roque R. Maggio; la carpeta de Bárbara Tosi, hija de Clotilde Rosa Tosi, quien fue entregada cuando era bebé a su tía; la de Martín Fernando Bravo Ferreira, hijo de María Irma Ferreira y de Omar Fernando Bravo, los dos muertos en un bombardeo a su casa en Rosario en enero de 1977, mientras que el niño fue entregado a su abuelo materno y criado por su tía María Susana Ferreira; el escrito que contiene los datos de Fernando Javier y Vanesa Verónica Dri, hijos de Jaime Dri, quienes fueron entregados a una tía y hoy viven con su padre, único sobreviviente de la quinta de Funes. También se encuentra el expediente de Ximena Vicario, hija de Juan Carlos Vicario y Stella Maris Gallichio, quien recuperó su identidad alrededor de los 13 años en un difícil proceso.

Hay otros expedientes cuyos casos son menos conocidos, entre ellos el de Noemí Norma Blanco y Miriam Mabel Ferroni, el de Alejandro y Marco Ruggero, el que está caratulado como Gabriel Pajón sobre abandono, el de Felipe Manuel Galuppo y el de Julia Dalila Delgado, cuyos padres desaparecieron en el centro clandestino de detención La Perla. La mayoría de las causas de los pequeños llegaron al juzgado desde Policía de Menores en 1976 y 1977 -donde se desempeñaba Leila Perazzo, quien más tarde sería nombrada titular de Asuntos Internos de la policía y por último jefa de la fuerza en la provincia de Santa Fe, por decisión del gobernador Jorge Obeid , desde el Hogar del Huérfano o desde alguna seccional policial.

En el mismo juzgado Nº 2 se realizaron las actuaciones respecto de la niña NN/María Inés y también de un niño NN, hijo de Cristina Sandoval. Ambos fueron dados en guarda, transformada luego en adopción, pero no se encuentran los expedientes de ninguno de los dos. En todos los ámbitos donde se siguen estos temas se tiene la fuerte presunción que estos no fueron los dos únicos niños que llegaron sin identidad conocida.

Complicidades

Los abogados Ana Oberlín y Lucas Ciarniello, que patrocinan a una parte de quienes se constituyeron en querellantes por los delitos de lesa humanidad, señalan que desde Abuelas de Plaza de Mayo "y por la experiencia recogida en todo el país, se puedo ver que tanto los jueces de Menores de las distintas circunscripciones como los operadores judiciales tuvieron distintos comportamientos". Hubo magistrados que estuvieron y están investigados por dar en adopción a niños que llegaban a los juzgados luego de operativos represivos, militares o policiales, o que eran hijos de mujeres de quienes se sabía que habían dado a luz en cautiverio. "En cambio hubo otros jueces y operadores de la Justicia que hicieron correctamente su trabajo", dijo Oberlin a Rosario/12 y esa corrección, explica la abogada, consistía en agotar todas las instancias para averiguar la procedencia y el origen biológico de ese chico para restituirlo a su familia. Para ello se apelaba a la publicación de fotografías, a dar a conocer el caso por medios televisivos o se buscaban otras acciones con las que se pudiera buscar ese resultado.

Desde la organización Abuelas se investiga y se solicita que se impute a algunos magistrados por la supresión de identidad. Entre esos casos figura el de una jueza de la provincia de Buenos Aires de apellido Pon, el juez de Santa Fe Luis María Vera Candioti, en el caso de María Carolina Guallane. "Y existe una experiencia cercana y para nosotros muy clara, -explicaron Oberlin y Ciarniello-, que es la del juez Juan Carlos Marchetti, de San Nicolás". Los dos abogados representan a las Abuelas constituidas como querellantes que junto con la fiscalía a cargo de Juan Patricio Murray intervienen en el caso en el que una de las víctimas es Manuel Gonçalvez a quien también representan. Aquí se pidió la imputación de Marchetti, de otro juez que es Juan Delfín Castro y de dos asesores de menores, Juan Carlos Magni y Francisco García Cortina por negarle a Gonçalvez su derecho a saber quién es.

Cuesta creer, a menos que se piense en una decidida complicidad o bien en la desidia que tenía el mismo resultado, que desde el lugar de quienes tenían información imprescindible no hubiera una presentación espontánea, por fuera de cualquier formalidad, para aportar elementos en la investigación del genocidio y sus acciones paralelas. Para comprender con precisión el papel que jugaban los jueces de Menores, ayuda recordar cuáles fueron las aristas del caso Gonçalvez: el 19 de noviembre de 1976 hubo una verdadera masacre en un barrio de la ciudad bonaerense de San Nicolás. Allí estaba la madre de Manuel, Ana María del Carmen Granada y tenía consigo al niño documentado como Manuel Valdés, ya que era perseguida desde tiempo atrás. El padre del chico había sido secuestrado el mismo 24 de marzo de 1976. Ana María era alojada por el matrimonio Amestoy Fetolini quienes tenían dos hijos de 3 y 5 años, Eugenia y Fernando. Todos fueron asesinados, también los niños y Manuel Gonçalvez fue el único que sobrevivió. En la terrible historia existen dos causas judiciales: una tiene que ver con la guarda, la entrega en adopción y la supresión de identidad del pequeño, ya que las cuatro personas citadas -Marchetti, Castro, Magni y García Cortina , no sólo no hicieron lo que debían para ubicar a sus familiares sino que también obstaculizaron la búsqueda por parte de quienes querían dar con su paradero. La otra causa tiene que ver con la masacre en San Nicolás. El expediente que contenía todo lo relativo a este caso también desapareció del juzgado, pero un empleado judicial accedió a esos escritos, sacó fotocopias, las guardó, y las entregó más de 20 años después para que pudiera realizarse la reconstrucción histórica y comprobarse las irregularidades cometidas para dar a Manuel en adopción. También el libro del juzgado en el que se anotaban los expedientes formalizados tenía arracada la hoja en la que debía constar el registro de Gonçalvez. "Miradas todas las irregularidades cometidas se puede concluir en que hubo un accionar doloso", dice Oberlin, si bien tanto ella como Ciarniello y Abuelas siempre fueron "conscientes de que la imputación del juez luego se desempeñó en Instrucción , era bastante difícil de lograr". Hace poco, el 3 de febrero pasado, el juez Federal Carlos Villafuerte Russo, sin indagar siquiera a Marchetti, dictó su sobreseimiento junto al de las otras personas. Tanto la fiscalía como Abuelas apelaron la decisión judicial.

Ciarniello señaló que "Villafuerte Russo utilizó un argumento perverso para el sobreseimiento cuando a lo largo de toda la resolución sostuvo que la primera responsable en la supresión de identidad fue la madre de Manuel al cambiarle el apellido en su documento. Nosotros estamos convencidos de todo lo contrario, -explicó el representante de Gonçalvez-, porque ella buscó salvar la vida de su hijo y preservarlo para estar juntos". Los abogados de Abuelas presentaron la apelación ante el juzgado nicoleño el 11 de febrero "pero Villafuerte Russo no mandó de inmediato el expediente a la Cámara sino que lo envió dos meses después, una prueba de su mala voluntad y además le fue devuelto porque no estaba bien notificado". En concreto ese expediente no está todavía en la instancia que supone la Cámara Penal.

¿Qué mirada tienen respecto de los expedientes citados y que se encuentran en uno de los juzgados de Menores de Rosario, aunque es fácil suponer que también los habrá en el Nº 1? Además hay magistrados y empleados que aunque retirados están al tanto de muchísimos hechos? -dijo este diario a Oberlin y Ciarniello.

-En los juzgados de este fuero, más allá de que surjan o no elementos que vinculen a los magistrados, secretarios u otros operadores judiciales con hechos delictivos, es muy importante acceder a toda la información que posean, porque pueden aportar nuevos elementos que sirvan para la investigación de los hechos. El comportamiento de algunos sectores del Poder Judicial también da para pensar en cómo se dio la dictadura cívico militar, ya que sin la participación de algunos sectores con mucho poder, habría situaciones que no se hubiesen podido sostener.



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“Militantes populares detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado el 6 de octubre de 1978”, dice la baldosa que pusieron en Gurruchaga 2259


Baldosa por la Memoria





Los vecinos de Almagro y Balvanera por la Memoria y la Justicia colocaron ayer una baldosa frente a la casa donde vivieron José Manuel Pérez Rojo y Patricia Julia Roisinblit. “Militantes populares detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado el 6 de octubre de 1978”, dice la baldosa que pusieron en Gurruchaga 2259, donde Patricia fue secuestrada junto con su hija Mariana cuando estaba embarazada.



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El pueblo del Bicentenario


OPINION

El pueblo del Bicentenario



Por Ricardo Forster *

1
Los días argentinos no dejan de sorprendernos. Lo esperado y el azar se entrelazaron para devolvernos la imagen de una historia abierta, compleja, laberíntica, tumultuosa y aluvional. De a centenares de miles, viniendo de todas partes, cruzando las fronteras que separan la ciudad de los suburbios, subiéndose a colectivos y trenes, a subtes y autos o simplemente caminando para apurar las cuadras que los separaban de un centro que, por cuatro días de una intensidad increíble, se reencontró con su pasado mítico, con sus leyendas de arrabales tangueros y de marchas obreras, la multitud invisible se transformó en el pueblo del Bicentenario. Vinieron de esas geografías tematizadas como zonas del peligro, sortearon las prevenciones y los prejuicios de todos aquellos que asimilan masas andantes con disturbios y criminalidad, con violencia y agresión. Multitud abigarrada y festiva, colectivo social multiplicado en millones de personas que manifestaron con alegría y serenidad, que gozaron y cantaron, que bailaron y conversaron, que miraron y preguntaron, que se emocionaron y se sorprendieron. Todos, cada uno de nosotros, fuimos sintiendo la potencia de la transfiguración; pudimos percibir que algo inusual y extraordinario estaba sacudiendo las entrañas de un país siempre anómalo y extraño pero siempre intenso y desafiante.

La ciudad se abrió y los cuerpos se movieron con libertad desprendiéndose de los miedos impuestos, de esos trazos de ficción mediática que apabullaron desde pantallas y rotativas la cotidianidad de los argentinos hasta construir la imagen de una sociedad en estado de guerra y de intemperie, asolada por la inseguridad y prisionera de una violencia autodestructiva que, siempre, asumía el rostro del oscuro habitante de esos arrabales transformados, gracias a las retóricas del amarillismo y el racismo, en las zonas del mal. Desde allí vinieron de a miles y miles desmintiendo, como lo han hecho en otras ocasiones memorables de nuestra historia, a quienes, desde el desdén y la más cruda violencia del lenguaje discriminador, no se cansaron de repetir que los mueve el clientelismo y el choripán, la promesa de alguna dádiva o la obligación de no quedar mal con el puntero del barrio. Los velos se cayeron, se derrumbó el discurso hegemónico y monocorde de la corporación mediática. Estalló en mil pedazos la palabra “crispación”. Y las calles del centro mutaron en calles de fiesta y regocijo, de asombro y participación. Así de simple y de complejo... la multitud, los negros de la historia, los incontables, los que pujan desde el fondo de los tiempos por el reconocimiento y la igualdad hicieron acto de presencia y lo hicieron transformando durante cuatro días a Buenos Aires en una magnífica alquimia de ágora y carnaval, de imágenes monumentales desplegadas sin medir riesgos estéticos por la fuerza bruta de la invención artística y la inquieta interrogación por aquello del pasado que sigue insistiendo en el presente. Fue alegría compartida y conmoción ante los dolores y los horrores de nuestra historia, que también estuvieron allí, sin ocultamientos ni narraciones edulcoradas. Y estuvieron junto a las clases medias de los barrios porteños y del Gran Buenos Aires desmintiendo la lógica de los abroquelamientos y los muros invisibles que se fueron levantando utilizando los recursos culturales de medios de comunicación atravesados de lado a lado por la retórica de la ciudad neoliberal, privatizada y fragmentada, de esa que vivió de rapiñar el espacio público poniéndolo a su servicio. Los cuerpos se mezclaron, lo individual y lo colectivo se entrelazaron al riesgo de romper prejuicios y paradigmas dominantes, como recordando otras ciudades en la ciudad del Bicentenario (ciudades de los conventillos y de las esperanzas, de caminatas míticas narradas por la literatura de Borges y Marechal, de Martínez Estrada y Cortázar, de Sabato y Oesterheld, de alquimias de poetas y de vagos, de movilizaciones populares y de tozudas resistencias, de tardes futboleras y de antiguas devociones barriales... ciudades escritas con la diversidad de mil escrituras por sus habitantes que, como si hubieran venido de todos lados y de todas las épocas, se reunieron para recobrarse y mirarse a los ojos en estos días de mayo).

2
Allí, en la ciudad libre y lúdica, tumultuosa y festiva, no estuvo la “gente”, ese nombre forjado para excluir e invisibilizar al otro, para restarle su humanidad transformándolo en una amenaza o en la plebe oscura y sin nombre. La “gente” quedó atragantada en la garganta de aquellos periodistas formateados para diferenciar a los lindos de los feos, a los limpios de los sucios, a los ciudadanos que se manifiestan espontáneamente de los oscuros objetos del clientelismo o del piqueterismo. Allí hubo pueblo, diverso y múltiple, portador de lenguas y tradiciones, amalgama de lo distinto y de lo semejante, tumulto de colores y de grafías. Pueblo que recuperaba sueños olvidados, que se dejaba agasajar después de tantas frustraciones y que rompía en mil pedazos el discurso que nos enseñó a establecer una brutal equivalencia entre multitud y homogeneidad, entre pueblo y monotonía autoritaria, entre la masa oscura y las personas pensantes y autónomas. No estuvo un pueblo bucólico, ni un pueblo virginal. No hubo ni hay pueblo puro. Hay luces y sombras danzando a contraluz de la historia argentina como esa que pudimos ver desfilar entre vanguardismos estéticos, giros brechtianos y arquitecturas monumentales que cruzaban, de un modo desafiante, lo artístico y lo político. Allí estuvo el pueblo de la independencia y el de las dictaduras, el de los anarquistas soñadores y el de la locura especulativa, el de la Constitución quemada y el de la fiesta democrática, el del dolor inconmensurable de las Madres, el del infinito reclamo de justicia y memoria y el de los silencios resignados. Pueblo manchado y vital. Como si en los claroscuros de la historia, en el interior de sus pasadizos secretos, la palabra pueblo pudiera narrar lo mítico y lo soñado, lo esperado y lo perdido, la fuerza del acontecimiento que parte aguas y la monotonía de los tiempos de la resignación y el olvido. El pueblo es, también, lo que bordea el peligro, lo que a veces se aventura detrás de lo inesperado que brota haciendo saltar los goznes de una realidad enturbiada y estancada. Otras veces ese nombre fue pronunciado, y algo de eso se contó en los muros del Cabildo y en las avenidas capturadas por el desfile de las carrozas y la contemplación entre deslumbrada y fervorosa de la multitud, para legitimar las páginas más ignominiosas. El pueblo es movimiento, mutación, herencia y memoria, es cuerpo sobre el que las escrituras de la historia van dejando sus huellas indelebles aunque se las intente borrar.

Pero el pueblo es también el giro de los tiempos que interpela siempre de un nuevo modo aquello que lo constituyó. Cada generación reinterpreta el pasado de acuerdo a sus necesidades, a sus prejuicios y a sus ensueños de aquello siempre esperado como reparación y oportunidad convirtiéndolo en fuerza vital y en actualidad, dándole sentidos tal vez impensados en otras encrucijadas de nuestra historia. Como si algo de lo excepcional se hubiera derramado sobre este presente para iluminar de otro modo nuestra travesía como nación. Como si eso inimaginado se hubiera encontrado con ese sujeto olvidado y ninguneado produciendo un acontecimiento sobre el que todavía no alcanzamos a descifrar su proyección. Intuimos que lo desplegado en estos últimos años, aquello que fue invirtiendo la marcha decadente y brutal de una Argentina que había sido capturada por la cultura del egoísmo y la especulación del capitalismo neoliberal, tuvo mucho que ver en las jornadas multitudinarias del Bicentenario. Como si lo inaugurado otro 25 de mayo, pero de 2003, con sus intensidades y sus dificultades, con sus apuestas riesgosas, sus aciertos y sus errores, hubiera encontrado el difícil camino que nos fue llevando, tal vez sin preverlo ni imaginarlo de este modo y con tal magnitud, a la reaparición del pueblo.

Una reaparición que se vincula directa y decisivamente con el también arduo ejercicio de rescatar a la política de su envilecimiento, de volver a ponerla en el centro de lo democrático como un instrumento sin el cual las sociedades quedan prisioneras de los arbitrios de las “gestiones empresariales” y de los tecnócratas del establishment. La política como lugar del litigio por la igualdad y como lengua que se instala para desmentir las falsas e ilusorias retóricas de la unidad y del consenso que suelen ocultar la perpetuación de las injusticias y las desigualdades. Porque este 25 de mayo no es apenas un acontecimiento festivo, un baile de máscaras sin rostros por detrás. Es, ha sido, la emergencia de una posibilidad que parecía saldada o extraviada, la posibilidad de situar lo político en el corazón de la democracia sin renunciar a dar la batalla por la distribución de la riqueza, la refundación del Estado, la recuperación imaginativa del espacio público, la reparación de las injusticias del pasado en los tribunales del presente y de inscribir este tiempo argentino en nuestro muchas veces olvidado destino sudamericano.

Hemos sido testigos y partícipes de días luminosos. Días irrepetibles, únicos, que dejarán su impronta en lo por venir. Días que nos de-safían y nos ofrecen el raro privilegio de ser actores de la historia, de esa misma cargada de fantasmas que fueron convocados por el arte y la política, que estuvieron en esa maravillosa galería de los patriotas latinoamericanos, que pasearon entre nosotros bajo los rostros de José Martí, del Che, de Emiliano Zapata, de Túpac Amaru, de Artigas, de Evita, de Allende, de Sandino, de Bolívar, de San Martín y de tantos otros que hacen a la memoria y a la trama subterránea de un continente caliente, desmesurado y libertario. Días del pueblo que dibuja los trazos de una Argentina que quiere ir en busca de la igualdad, la libertad, la justicia y la fraternidad. Algo de eso pudimos sentir en la piel, en el corazón y en la reflexión mientras, como escribió Elías Canetti en la encrucijada de otra historia, nos dejamos llevar por el vértigo y la fiesta de lo colectivo.

* Filósofo, profesor e investigador de la UBA.



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VIDELA, BIGNONE Y RIVEROS PIDEN AMNISTIA A TRAVES DE LA IGLESIA


VIDELA, BIGNONE Y RIVEROS PIDEN AMNISTIA A TRAVES DE LA IGLESIA

Si algo no existe es el olvido


A través de la jerarquía católica Videla, Bignone, Riveros y un centenar de sus camaradas pidieron una amnistía el 25 de mayo. Mientras la Iglesia no asuma la responsabilidad de su gestión, el gobierno dejará el pedido sin respuesta. La masividad de los festejos del Bicentenario frustró esa Operación Amnistía y mostró una sociedad unida y alegre, sin espacio para estas vueltas al pasado. Hasta los jefes de Estado Mayor bailaron con la murga que cantaba “Militares Nunca Más”.




Por Horacio Verbitsky

La masividad de los festejos por el Bicentenario de la Nación Argentina desbarató la Operación Amnistía, impulsada desde un cuidadoso segundo plano por el Episcopado Católico. La solicitud del perdón fue transmitida al gobierno nacional por un obispo de esa iglesia y lleva las firmas de los ex dictadores Jorge Rafael Videla y Benito Bignone, el general Santiago Omar Riveros y el vicealmirante Hugo Siffredi, el comisario Miguel Etchecolatz y el sacerdote Christian von Wernich, el Turco Julián y El Nabo Barreiro, el ex jefe del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército Carlos Tepedino y su especialista civil en organizaciones religiosas Julio Cirino, los miembros del grupo de tareas de la ESMA Raúl Scheller y Pablo García Velazco, los procesados por la masacre de Margarita Belén y un centenar de ex militares, marinos, policías, penitenciarios y agentes civiles de Inteligencia detenidos por su participación en crímenes de lesa humanidad. Como la jerarquía eclesiástica obvió el protocolo para entregar la solicitud al Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, en forma extraoficial, sin una nota introductoria, el gobierno no le dará respuesta. Sólo contestará si el Episcopado se hace responsable de la solapada gestión que emprendió.

Desde hace tres décadas el Episcopado Católico repite que según el catecismo de esa entidad el sacramento de la reconciliación o la penitencia requiere algunas condiciones ineludibles: el reconocimiento de los yerros, su detestación y la búsqueda de posibles caminos de reparación. Pero la carta de Videla & Compañía no cumple con ninguna de esas condiciones. Los represores rechazan la justicia y no tienen la humildad de pedir perdón, por crímenes que no reconocen ni de los cuales se arrepienten. Sólo ofrecen olvidar el mal que les habrían hecho a ellos y no vengarse. Pese a que no se ajusta a sus propios cánones, la jerarquía católica se prestó a canalizar el planteo.

Setenta veces siete
Un grupo de laicos denominado “Proyecto setenta veces siete”, del que forma parte José María Sacheri, quiso participar del acto realizado en Luján hace tres semanas por el presidente del Episcopado, Jorge Bergoglio, pero no se llegó a un acuerdo. Setenta veces siete es la expresión del Evangelio para el perdón (Pedro pregunta si tiene que perdonar hasta siete veces las ofensas de su hermano. “Hasta setenta veces siete”, le responde Jesús. El pasaje se refiere a ofensas personales y el diálogo habría tenido lugar muchos siglos antes de que nacieran los estados nacionales y su justicia y se tipificaran los crímenes al por mayor contra la humanidad). Sacheri es hijo del ex conductor de la organización integrista Ciudad Católica, Carlos Sacheri, asesinado en diciembre de 1974 por un grupo que según el Ejército pertenecía al ERP22 mientras sus amigos sospechaban de la Triple A de José López Rega. “Setenta veces siete” se puso en contacto con el obispo emérito Carmelo Giaquinta, quien ese mismo día acompañó al grupo en una presentación en la Feria del Libro, durante la cual leyó un documento propio. Giaquinta es un teólogo que estuvo próximo al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y cuya casa fue ametrallada en 1976, según él porque alojó allí al sacerdote y militante montonero Justino O’Farrell. Ya como obispo fue uno de los pocos que hicieron una reflexión autocrítica, por haber festejado el campeonato mundial de fútbol de 1978 en las calles, “gritando como un estúpido el que no salta es un holandés”, en una Argentina “que tenía la obligación de estar de luto”.

La justicia como venganza
En la feria del libro, equiparó la justicia con venganza y odio y le opuso “el misterio del perdón”. Giaquinta no explicó la diferencia entre los crímenes de lesa humanidad por cuyos autores aboga y los pecados que enseñaba a perdonar Jesús, cuando aún no existía un tercero neutral como el Estado que al impartir justicia evitara una escalada de represalias. Su rudimentario fundamento evangélico es que Dios “hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos”. Su larga introducción teórica desemboca en un escueto final sobre “la reconciliación de los argentinos” que, según cree este obispo, están “prisioneros en el pasado” y sólo el perdón les permitiría desatarse esas presuntas ataduras para volver “a caminar como Nación”. Giaquinta advierte que no debe confundirse reconciliación con impunidad, pero no explica en qué consistiría en el concreto caso argentino. Cristo es “el reconciliador universal” y en consecuencia lo son la Iglesia, sus ministros y los fieles que disponen para ello de la oración, el Evangelio y los sacramentos, y “las iniciativas públicas y privadas de los cristianos”. Los únicos ejemplos que atina a proponer son la mediación de Juan Pablo II en la cuestión del Beagle y la denominada Mesa de Diálogo, con la que el senador Eduardo Duhalde legitimó su breve interinato a cargo del Poder Ejecutivo. Como es ostensible, ninguna de esas circunstancias son comparables con el perdón que el derecho internacional niega a los autores de crímenes contra la humanidad. Pero de inmediato Giaquinta añade que la Iglesia no puede presentarse “como un ente jurídico mediador ordinario de los conflictos sociales, pues ello desnaturalizaría su finalidad y dañaría a las instituciones mediadoras previstas en la Constitución”. Es decir, los tres poderes del Estado, que se pronunciaron por la imposibilidad de amnistiar esos delitos o cesar su persecución por el paso del tiempo. Giaquinta fue acompañado en la mesa por Arturo Cirilo Larrabure, hijo del coronel Argentino Larrabure, quien murió en cautiverio el 23 de agosto de 1975. Las Fuerzas Armadas, parte de la justicia federal y grandes medios de comunicación impusieron la idea de que el oficial había sido torturado y luego asesinado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que lo había secuestrado un año antes al copar la Fábrica Militar de Villa María. Una investigación realizada por el periodista Carlos Del Frade señala que según el expediente original de la causa, que incluye la autopsia realizada en el momento del hallazgo del cuerpo, no hubo tortura ni asesinato y avala el relato del empresario René Vicari, secuestrado durante los últimos días de vida de Larrabure en una celda contigua. Otro panelista fue el ex montonero Luis Labraña.

La declaración impulsada por la Corporación de Abogados Católicos pidiendo que se clausure “la venganza, la persecución implacable”, el acto de Bergoglio con los laicos en Luján, la convocatoria para el 25 de mayo a una movilización en la Plaza de Mayo inspirada en la de Corpus Christi de 1955 y la cita de las cámaras patronales agropecuarias a manifestarse ese mismo día en las rutas, formaban parte de esta Operación Amnistía. El modelo de carta que se envió al gobierno por intermedio de la jerarquía fue sugerido por un sacerdote colombiano que asiste en las cárceles de ese país a parapoliciales detenidos. Pero la difusión temprana de lo que se estaba preparando y, sobre todo, la escasa asistencia a Luján para un acto que no se justificaba, a pocos días del Te Deum del 25 de mayo en la misma Basílica, el fiasco del llamamiento ruralista, que no reunió más de treinta personas en los principales puntos de reunión, y la ausencia de público para escuchar la prédica de Bergoglio, condenaron la jugada a la insignificancia. Hasta Clarín on line dijo que en la Plaza de Mayo apenas había “centenares de personas”.

Bergoglio y la política
La eficacia de los actos políticos de Bergoglio depende de que no sean vistos como tales. Su esquema habitual es una lectura del Evangelio, en la cual injerta conceptos políticos sin relación o con algún vago contacto con el tema, cuyo sentido se vuelve explícito en las interpretaciones de sus voceros oficiosos, en los principales diarios de la Capital. Así ocurrió cada vez que Bergoglio descargó su mal disimulado encono contra el gobierno que asumió en 2003. Esa es una de las razones por las cuales tanto el ex presidente Néstor Kirchner como la actual CFK han preferido no ponerse al alcance de su dedo recriminador. La opción no fue suprimir la anacrónica institución medieval del Te Deum, como sería razonable en una república secular, sino desplazarlo a otros lugares del país, en busca de obispos sin la motivación ideológica y política de Bergoglio, quien como parte de las luchas internas del peronismo tuvo fuerte influencia durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón, fue militante de Guardia de Hierro y ofreció la Universidad del Salvador para honrar al dictador Emilio Massera. Cuando el gobierno decidió solicitar el Te Deum del 25 en Luján, Bergoglio decidió realizar otro en la Catedral. Pero convertirlo en un acto político de la oposición requería del sigilo que se perdió cuando esos preparativos se hicieron públicos. Inquieto al quedar tan expuesto, en una institución cuya forma de hacer política es decir que está por encima de la política, tuvo que cambiar de planes y poner distancia, al punto de escabullirse hacia la sacristía para que ni lo saludaran los jefes políticos presentes, como los hermanos enemigos Maurizio Macrì y Francisco De Narváez. También decidió no leer un texto propio acerca del Bicentenario, sino el que la Comisión Permanente del Episcopado aprobó en marzo, más una zalamería hacia las autoridades que en el mismo momento estaban en la Basílica de Luján. Ese texto, “La patria es un don, la Nación una tarea” afirma que “la celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo”, que según los obispos sería “de confrontación permanente que profundiza nuestros males”. La pluma episcopal atribuye a presuntas deficiencias institucionales un alto costo social. En una excursión por terrenos que no son de su especialidad pregona que “la calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión” y como es usual agrega que “si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres”. También opone “leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo” a otras que atribuye a intereses ajenos a una imaginaria “naturaleza de la persona humana, de la familia y de la sociedad”. Es decir la reforma antidiscriminatoria del Código Civil en los artículos sobre el matrimonio.

Aguer sobre odio y venganza
El mismo día, en la Catedral de La Plata, su Arzobispo, Héctor Aguer, criticó que se prescinda “de la referencia fundante a las raíces” y a la tradición, “como si fuéramos seres sin herencia”. Esto explicaría el individualismo y una “inclinación atávica a la discordia”. Pero lo más grave sería la dramática “tergiversación de la historia, en la que se han filtrado imposturas manifiestas canonizadas como dogmas. Así ha ocurrido con sucesos clave del siglo XIX, y ocurre nuevamente con hechos más o menos recientes, observados con mirada tuerta, cuya interpretación sesgada mantiene abiertas heridas dolorosas, incentiva la división, perturba los ánimos y extravía el juicio de los jóvenes y de los desprevenidos”. Para Aguer “la memoria debe ser integral, la verdad completa; las medias verdades ofrecen mordiente al resentimiento, atizan los rencores, perpetúan el desencuentro. La aspiración ardiente a la justicia no debe servir de disfraz al odio y a la sed de venganza”. El “deber sagrado para quienes presiden la comunidad” sería “procurar la reconciliación”. Como Bergoglio, también Aguer habló del “recto ordenamiento jurídico de la sociedad” que los tres poderes del Estado deben tutelar y no deformarlo con “leyes inicuas que alteren la esencia natural del matrimonio, que minen la solidez de la familia y entreguen al estrago la vida de los niños por nacer”.

Memoria e Identidad
El arzobispo de MercedesLuján, Agustín Radrizzani, es una persona encantadora en comparación con sus colegas de Buenos Aires y La Plata. Carece de la ambición de poder y el ánimo belicoso de Bergoglio y de la manía por el control y la disciplina de Aguer. Su percepción de la realidad social se forjó en los años que pasó junto a Jaime de Nevares en Neuquén y luego como obispo del conurbano en Lomas de Zamora. Su preocupación por los más destituidos no es hipócrita ni oportunista. Tampoco está enfermo de hostilidad hacia el gobierno nacional. Por todas esas razones y porque Kirchner se resbaló del brazo del sillón en el que estaba sentado, CFK decidió pedirle que oficiara el Te Deum del Bicentenario. Radrizzani usó un tono más sutil que Bergoglio y Aguer, pero el contenido de su predicación no fue muy distinto. Dijo que le preocupaba un presunto “deterioro de nuestro acervo cultural” y reclamó que las leyes promuevan “la defensa de la vida, la familia y el bien común”. Luego de establecer que en ese día no diría más sobre “estos aspectos conflictivos” anunció que pensaría el futuro “desde nuestra identidad”, es decir el catolicismo, en cuatro dimensiones: memoria, identidad, reconciliación y desafíos. Memoria e identidad son dos conceptos emblemáticos de las luchas populares en las últimas décadas, asumidos por los organismos defensores de los Derechos Humanos y por la justicia. Radrizzani se apropió de ellos en una clave por completo distinta. La memoria sería la de la catolicidad del Estado, expresada en el Te Deum que acompañó a la Nación Argentina desde el 25 de mayo de 1810 (sin recordar la abierta oposición de los papas Pío VII y León XII a la Independencia americana y el consecuente alineamiento de los obispos de entonces con la potencia colonial). También exaltó un “plan de Dios”, que habría ayudado a superar conflictos, “a abrazar los ideales democráticos”, a recibir a millones de inmigrantes y a “cultivar el espíritu de tolerancia”, afirmaciones dogmáticas que los hechos de la historia desmienten. La misma operación aplicó a la identidad. Exaltó los valores cristianos que impregnaron la vida pública aun antes de la emancipación y dijo que unidos a la sabiduría de los pueblos originarios y a las sucesivas inmigraciones formaron “la compleja cultura que nos caracteriza”, dentro de la cual no incluyó a los otros cultos que también forman parte del país y que junto con agnósticos y ateos suman un cuarto de su población. En esa cultura prevalecen valores que tienen origen en Dios, como “el respeto a la dignidad del varón y la mujer”, que son los únicos “verdaderos sobre los cuales podemos avanzar hacia un nuevo proyecto de Nación”. Como ejemplo de esos valores mencionó a Belgrano, “de profundas convicciones cristianas” que en septiembre de 1810 mandó celebrar una misa en Luján pidiendo protección divina para sus campañas, y a San Martín, quien llevó en sus campañas un relicario de la Virgen de Luján. Esta visión exclusivista fue reforzada luego de la homilía cuando un obispo ortodoxo, una pastora evangélica, un rabino judío y un sheik musulmán fueron invitados a sumarse a la celebración, como representantes de los hombres de buena voluntad que llegaron para habitar este suelo, es decir extranjeros a la nacionalidad argentina, que es católica. Algunos de ellos lo eran, pero otros tienen más generaciones en esta tierra que el arzobispo lujanero. Una vez establecidos esos límites, Radrizzani predicó sobre la reconciliación luego de las “tremendas luchas fratricidas”, lo cual adquiere todo su sentido con la solicitud de amnistía de Videla y los suyos. El arzobispo no dejó de implorar una mayor transparencia, una justicia más efectiva, una mejor y más equitativa distribución de la riqueza y una mayor independencia de los poderes republicanos. El desafío consiste en “mejorar la calidad de nuestras instituciones”, sin “perder nuestra identidad”, enriquecernos integrando “la patria grande soñada por San Martín y por Bolívar”, y lograr una educación para todos que forme “buenos cristianos”. Esas “referencias comunes y constantes”, que están “más allá de partidismos e intereses personales” son las que permitirán “fortalecer el consenso”. Por último, hace falta la ayuda divina para “incluir a todos, promover la igualdad y el desarrollo social”, ya que “la mayor pobreza es la de no reconocer la presencia del Misterio de Dios y de su amor en la vida del hombre”. Es decir que la memoria debida es la de la catolicidad de la Argentina, la identidad de la patria es el catolicismo y su desafío es aplicar una receta católica para cada problema. Por ejemplo, el perdón a los represores.

La fiesta
La respuesta colectiva a la convocatoria oficial por el aniversario patrio fue imponente. El Estado se propuso agasajar al pueblo convirtiendo a Buenos Aires en un gran parque de diversiones, gratuito y de alta calidad. El pueblo acudió con alegría, pese al sex symbol que calificó de “deserotizante” al Bicentenario y al columnista que despreció el estruendo hiriente que sólo merece un sarcasmo sordo, mientras la gente circula con aire ajeno porque la fiesta no la interpela. Como en otras ocasiones de la historia, la presencia en la calle de un actor colectivo rompió todos los moldes y enardeció a las elites. Los canales de noticias recién comenzaron a transmitir los actos cuando ya había millones en las calles, pero ayer y hoy compitieron con programas especiales de repeticiones, en los que pasaron desde el desdén al éxtasis. La concepción de la fiesta que aportó CFK fue política, aunque no partidaria ni proselitista. Tanto la proyección sobre el Cabildo como el desfile alegórico de estructuras gigantescas en movimiento, con ecos del futurismo de Marinetti, llevaron una cuestión ideológica al debate de masas. Todos los medios reprodujeron la imagen de la presidente cuando bailaba en el palco al ritmo de la murga que escenificó el regreso a la democracia. A pocas filas de CFK, los cuatro uniformados jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas marcaban el ritmo con manos y pies mientras la murga repetía la consigna “Militares nunca más”.


El pedido de amnistía firmado por Videla, que la jerarquía católica transmitió al gobierno nacional.


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sábado 29 de mayo de 2010

Acerca de la causa Noble Herrera



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Visión Siete: Abuelas, sobre la causa Herrera Noble



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Se realizó allanamiento en el domicilio de los hermanos Marcela y Felipe Noble Herrera





Por orden de la jueza Sandra Arroyo Salgado, titular del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional Nº 1 de San Isidro, se realizó este viernes un allanamiento en el domicilio de Marcela y Felipe Noble Herrera, donde se recolectaron prendas de vestir de los jóvenes para la obtención de nuevas muestras de ADN.

Según se informó desde el juzgado, la magistrada adoptó esa decisión luego de Lo ordenó la jueza Sandra Arroyo Salgado. Se recolectaron prendas de vestir para la obtención de muestras de ADN. Al mediodía, los jóvenes habían concurrido a una audiencia personal con la magistrada. LAS ACTAS DE LAS AUDIENCIAS que los hermanos Noble Herrera le manifestaran -durante la audiencia que tuvo hoy con los jóvenes- su negativa a que se les extraigan nuevas muestras de ADN. También se opusieron a que se disponga de las muestras de sangre y saliva que les habían sido extraídas en diciembre último.

El allanamiento se realizó por la tarde. Al momento del ingreso de los funcionarios del juzgado, del personal del Banco Nacional de Datos Genéticos y del Cuerpo Médico Forense, así como de los testigos, los jóvenes y sus abogados se encontraban en el interior del domicilio.

Una vez recogidas las prendas, los abogados de Marcela y Felipe Noble Herrera firmaron de conformidad las actas de allanamiento, informaron desde el juzgado. Agregaron que todo el operativo fue filmado con cámaras de video y que en el caso de Marcela, el mismo fue realizado por personal femenino.


Los motivos para tomar nuevas muestras

Según informaron desde el juzgado al CIJ, los motivos para tomar nuevas muestras fueron los siguientes:

"El primero, que así se había planteado cuando el anterior juez ordenó la medida que recién ahora puede ejecutarse (resoluciones del 8 y 15 de febrero pasado), a raíz del reciente rechazo al recurso introducido por los abogados de las víctimas, dictado por la Cámara Nacional de Casación Penal días atrás.

En segundo termino, el citado magistrado había conservado en su caja fuerte muestras relativas a material que debía ser objeto de estudio cuando ya había sido recusado, y obvió su remisión a la nueva jueza interviniente (Arroyo Salgado), quien tuvo que ordenar su inmediata remisión al Cuerpo Médico Forense, luego que llegara a su conocimiento un confuso episodio en torno a la rotura de la manija de dicha caja fuerte de la que dio cuenta un Secretario del Dr. Bergesio, magistrado para ese momento, en uso de licencia.

Por último, en prueba testimonial rendida ante la jueza, los científicos del BNDG y del Cuerpo Médico Forense se manifestaron en controvertidos términos respecto de la intangibilidad de las muestras, lo que ponía en duda su aptitud pericial.

Finalmente, tampoco puede descartarse que si se hubiese avanzado con éstas últimas solamente, todavía existe la posibilidad de que la CSJN contemple que las mismas no puedan ser utilizadas, y se genere de esa forma una nueva dilación en la causa, pese a las serias advertencias recibidas por la magistrada de parte de su superior jerarquico (CFASM) en sentido de actuar con suma premura".


http://www.cij.gov.ar/nota-4195-Se-realizo-allanamiento-en-el-domicilio-de-los-hermanos-Marcela-y-Felipe-Noble-Herrera.html

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Los profesores de Letras de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL repudiaron ayer la decisión del Tribunal Oral de Santa Fe


SI RAMOS SE ANOTA EN LA UNL, LOS PROFESORES NO LE DARAN CLASES

"No admitiremos como estudiante a un represor".



Los profesores de Letras de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL repudiaron ayer la decisión del Tribunal Oral de Santa Fe que autorizó al represor Eduardo Ramos a estudiar la carrera a distancia desde un aula virtual en la cárcel de Las Flores y advirtieron que no recibirán como un estudiante más a un criminal de lesa humanidad condenado a 23 años de prisión por cinco secuestros y torturas y que operó como espía infiltrado en la Facultad de Derecho, en los años '70. "No admitiremos como estudiante en nuestras aulas (presenciales o virtuales) a ningún represor que haya participado de dictadura alguna", dijeron. "Nos indignamos ante la posibilidad de que un ex agente de Inteligencia con semejantes antecedentes sea integrado al ámbito universitario que fue su objetivo criminal, un ámbito en el que un gran número de estudiantes y profesores sufrimos en carne propia el horror de la dictadura cívico militar del '76", señalaron.

Ramos había solicitado al Tribunal una autorización para estudiar el profesorado de Literatura y Lengua en el Instituto Superior Incorporado Nº 4.031 Fray Francisco de Paula Castañeda, para lo cual debía salir de la cárcel tres veces por semana para concurrir a clases. Después de pedir informes al instituto y al Servicio Penitenciario de la provincia, el Tribunal rechazó el pedido de Ramos, pero le ofreció como "alternativa" que estudie la carrera a distancia desde un aula virtual que hay en Las Flores.

La UNL es una de las universidades que dicta carreras a distancia, entonces ante la posibilidad de que Ramos pueda convertirse en un estudiante virtual, los profesores de Letras de la Facultad de Humanidades y Ciencias plantearon su objeción de conciencia.

Repudiaron "la decisión del Tribunal que otorga a Ramos la posibilidad de estudiar Letras, ya sea en la modalidad presencial o a distancia". Y advirtieron que no lo recibirán como un estudiante más.

En el fallo que lo condenó a 23 años de años de prisión en diciembre último, por cinco secuestros y torturas, el Tribunal Oral imputó a Ramos "el mismo grado de perversidad" con que actuaban otros torturadores en los centros clandestinos. Consideró que tenía un "compromiso ideológico y político con la represión ilegal, a la que reivindicó sin ningún tipo de prurito, tildando de mentirosas aquellas verdades históricas que indican la existencia de '30 mil desaparecidos' como producto del accionar del régimen de facto". Y "lo encontró autor de los delitos imputados en tanto se desempeñaba como oficial del Departamento de Informaciones de la Policía de Santa Fe (el tristemente célebre D 2), infiltrado en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral", dice la sentencia.

Tras recordar que la "actividad docente universitaria implica la responsabilidad de formar a formadores" con pensamiento crítico y compromiso "con la democracia de nuestro país", los profesores de Letras de la UNL consideraron una "trágica ironía" que un criminal de lesa humanidad "viva como estudiante en las aulas universitarias. Nos indignamos ante la posibilidad de que un ex agente de Inteligencia con semejantes antecedentes sea integrado al ámbito universitario que fue su objetivo criminal, un ámbito en el que un gran número de estudiantes y profesores sufrimos en carne propia el horror de la dictadura".

Ramos es un "condenado por delitos de lesa humanidad", es decir por "haber atentado ni más ni menos que contra toda la comunidad". Por lo tanto, "como parte de esta humanidad lesionada, los profesores de Letras de la Facultad de Humanidades y Ciencias nos sentimos ofendidos e injuriados en nuestra dignidad ante la posibilidad de vernos obligados a igualar a este criminal con miles de estudiantes que necesitan de la serenidad y de la libertad para comprender el conocimiento en sus justas dimensiones de práctica, de crítica y de compromiso activo con la democracia. De este modo, repudiamos las decisiones de esta supuesta justicia que vuelve a poner en las calles a quienes deben ser alejados definitivamente de ellas por la índole abominable de sus ofensas".



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ALLANARON LOS DOMICILIOS DE MARCELA Y FELIPE NOBLE HERRERA Y OBTUVIERON NUEVAS MUESTRAS DE ADN


ALLANARON LOS DOMICILIOS DE MARCELA Y FELIPE NOBLE HERRERA Y OBTUVIERON NUEVAS MUESTRAS DE ADN

Un estudio como lo manda la ley

Después de una audiencia de dos horas, en la que los jóvenes se negaron a dar su conformidad para cualquier análisis, la jueza obtuvo nuevas muestras de ADN. Se cruzarán con todas las familias del Banco de Datos Genéticos.



Por Raúl Kollmann

La audiencia duró dos horas y se realizó en los tribunales federales de San Isidro. Allí, la jueza Sandra Arroyo Salgado buscó la conformidad de Marcela y Felipe Noble Herrera para realizar los estudios de ADN que podrían establecer si son hijos de desaparecidos. Ante el rechazo de todas sus propuestas, la magistrada ordenó siete allanamientos en los domicilios de los hijos de la dueña de Clarín. En uno de esos procedimientos, realizado en casa de la propia Ernestina Herrera de Noble, los secretarios del juzgado encontraron a Marcela y Felipe, junto a uno de sus abogados, y procedieron a tomar muestras de la ropa de los dos jóvenes adoptados durante la última dictadura. Con ese material, el lunes mismo empezará la comparación del ADN de todas las familias que están buscando nietos apropiados. El estudio se hará, como lo indica la ley, en el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG).

De la audiencia –adelantada en forma exclusiva por Página/12– participaron la magistrada, los dos hijos adoptivos de Herrera de Noble, sus abogados y la fiscal Rita Molina, quien ya había dictaminado –en sintonía con la Cámara Federal de San Martín– que el estudio de ADN debía realizarse. Según revelaron fuentes de la fiscalía, Arroyo Salgado actuó como en los dos casos anteriores vinculados con hijos de desaparecidos en los que intervino: buscó primero que las medidas se realizaran con conformidad de las víctimas, en este caso Felipe y Marcela.

Pero la negativa fue tajante. “No consiento que mi material genético sea utilizado para ningún tipo de análisis de histocompatibilidad”, dijo Marcela ante la jueza. Lo mismo manifestó Felipe. Los hijos de la dueña de Clarín presentaron un escrito firmado por el penalista Alejandro Carrió en el que no sólo rechazaban dar conformidad para que la sangre que se extrajeron voluntariamente se cruce con la de los familiares de desaparecidos del Banco Nacional de Datos Genéticos, sino que incluso retiraban la autorización para que se utilice en el Cuerpo Médico Forense. “Aquellas muestras se le entregaron al doctor Conrado Bergesio, el anterior juez, pero él después cambió. Lo presionaron del Poder Ejecutivo y de Abuelas y terminó allanando nuestras viviendas. No damos consentimiento a la utilización de nuestra sangre, ni siquiera para que se haga la comparación con las dos familias querellantes, García Gualdero y Lanoscou-Miranda. Rechazamos cualquier colaboración con estos estudios”, dijeron los Noble Herrera durante una audiencia que fue tensa desde el principio hasta el final.

Luego, los abogados de Felipe y Marcela hicieron trascender que estaban dispuestos a aceptar los estudios, pero la negativa quedó asentada en el acta del encuentro con la jueza y la fiscal. “Se negaron rotundamente a que sea utilizado el material que tenemos”, contó Molina después de la audiencia con los Noble Herrera, quienes –dijo– “tienen derecho” a oponerse a la medida.

Desde el momento en que recibió la causa, Arroyo Salgado se planteó como objetivo obtener nuevas muestras genéticas. Por un lado, porque la extracción voluntaria de sangre se había hecho en el Cuerpo Médico Forense y no en el Banco Nacional de Datos Genéticos. La ley establece que la sede para hacer esos estudios es el BNDG, donde se hizo en las últimas décadas un trabajo científico reconocido en el mundo entero. Además, Marcela y Felipe sólo aceptaron el cotejo de esa sangre con dos familias querellantes. Por último, en poder del juzgado hay otras muestras, obtenidas en allanamientos ordenados por el juez Bergesio. Sin embargo, el material está cuestionado: tanto los querellantes como Abuelas denunciaron irregularidades en la obtención y el manejo de esas muestras.

Como Felipe y Marcela mantuvieron una negativa cerrada, no bien salieron del juzgado la magistrada ordenó siete allanamientos en los diversos domicilios de los hijos adoptivos de Herrera de Noble y en la propia vivienda de la dueña de Clarín. En este último lugar, los funcionarios judiciales encontraron a los jóvenes, junto con Herrera de Noble y uno de sus abogados.

En el procedimiento intervinieron dos secretarios del juzgado, uno de cada sexo, y dos policías de civil, uno de cada sexo (no hubo exhibición de armas), cuatro médicos del Cuerpo Médico Forense y del Banco de Datos Genéticos y dos testigos. La medida consistió en que Felipe y Marcela entregaran la ropa íntima. Todo se llevó a cabo en presencia de personal femenino en el caso de Marcela y masculino en el de Felipe. En la anterior oportunidad, cuando el allanamiento lo hizo Bergesio, hubo que esperar una hora y media a que llegara el abogado de los jóvenes, se les pidió ropa interior, pero entregaron una prenda que, se sospecha, era de una mujer del personal doméstico y otra que no está claro que haya pertenecido a Felipe, quien por entonces ya no vivía en la vivienda allanada. Esta vez, se les pidió la entrega de la ropa que llevaban puesta, para asegurarse la obtención de una muestra verdadera. Poco después, los abogados de los Noble Herrera argumentaron que el proceso fue vejatorio, algo que negaron en forma rotunda desde la fiscalía: “Fue la mejor alternativa. Ellos estaban en su casa. Se pudieron cambiar. El procedimiento resultó impecable”, resumieron.

Marcela y Felipe Noble Herrera hablaron luego por televisión y también se quejaron del procedimiento y se asumieron como víctimas. “Hubo una persecución por parte de la Policía Federal. Por poco nos llevan detenidos. Lo consideramos indignante. Dónde está el cuidado de la víctima”, dijeron.

En un comunicado de prensa, las Abuelas de Plaza de Mayo señalaron que “la investigación no puede depender de la voluntad de los jóvenes, porque se encuentra en juego el derecho a la verdad y la obligación de investigar delitos de acción pública”. Agregaron que “una vez que la verdad sea establecida, cada uno podrá tomar sus decisiones libremente, reservando el ámbito privado”.

Las muestras obtenidas fueron evaluadas por los especialistas presentes, que certificaron que el material resulta apto para los estudios. La Corte Suprema ya convalidó esta forma de obtener las evidencias para esclarecer los casos de apropiación y restitución de identidad de posibles hijos de desaparecidos. “El objetivo de esta fiscal es conocer la verdad y la verdad sólo la tenemos que obtener con las muestras y con el examen de histocompatibilidad, no sólo con la familia querellante, sino con todas las muestras que hay en el Banco Genético”, insistió la fiscal Rita Molina. “Necesitamos terminar con este tema, que perjudica tanto a los chicos como a la sociedad toda, que está expectante ante la comisión de un supuesto delito”, concluyó.



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El festejo cambió el espacio público


DOS REFLEXIONES ACERCA DE LAS CELEBRACIONES POR EL BICENTENARIO

El festejo cambió el espacio público


María Matilde Ollier y María Pía López analizan lo que fue la fiesta por los 200 años de la Revolución de Mayo. No sólo destacan la masividad de la participación popular, sino sobre todo la calma que mostró la gente en la calle.


María Matilde Ollier, politóloga


Las Argentinas de Mayo

Un festejo deslumbrante. Una fiesta para el pueblo argentino. Un Estado nacional que mostró una capacidad de organización que no deja lugar a dudas, que alimenta una esperanza: es posible tener un Estado eficiente. Un Estado local que con la terminación del Teatro Colón probó que cuando hay continuidad y decisión para llevar adelante una política pública, ésta puede ser realidad. Ninguna reflexión sobre los festejos puede obviar aquello que el poder político ha hecho bien en esta ocasión. Todos los análisis coincidieron en destacar la participación de la sociedad en estas fiestas, participación que sorprendió a los propios organizadores, a los opositores, a los medios y a la ciudadanía en general.

Pero lo llamativo no es sólo la participación en sí misma, sino la manera pacífica y calma con que ésta fue llevada a cabo. Pues la Argentina venía siendo testigo de otras participaciones desde hacía bastante tiempo. Con excepción de la despedida al ex presidente Raúl Alfonsín, el país estaba presenciando un espacio público radicalmente diferente, con calles pobladas por otros ruidos. Me refiero a una participación expresada en los escraches a oficialistas u opositores, y en los cortes: el corte del puente, el corte de rutas, el corte de calles y el corte de autopistas. En muchos de esos cortes se han visto, bajo diversos motivos, dos Argentinas. En verdad, no pocas veces se ha hablado de las dos Argentinas. La expresión ha referido a las cuestiones más variadas, por lo tanto me siento autorizada para aludir, en esta oportunidad, a las dos Argentinas de la Semana de Mayo y que estaban representadas en el palco y en la calle. En el palco estaba la Argentina fragmentada, dividida, facciosa, la que demostró no haber superado las divisiones y las disputas aunque más no sea para festejar un cumpleaños más que especial, el que nos ocurre cada cien años como habitantes de nuestro país. En la calle, por el contrario, estaba otra Argentina, alegre, gozosa, calma, unida; tan unida que obligó a la otra en la sesión del Congreso de la Nación, al día siguiente, a mostrar una unidad que ya creíamos incompatible con esa institución.

Sin embargo, el ejemplo de la Argentina en la calle no fue suficiente y a renglón seguido, al tiempo que la sorpresa por la participación de la gente en los festejos obligaba a los parlamentarios a bajar sus tonos, otra disputa empezaba: quién había ganado y quién había perdido, quién había capitalizado, y quién no, los festejos. Toda una parrafada de enconos velados que no lograron, en cambio, ocultar la verdad: ni el Gobierno ni la oposición hubiesen logrado convocar a esta fiesta en su propio nombre. La verdad es que se trató de una participación que respondió a una convocatoria de la cultura y de la historia, más allá de cuántos simpatizantes del Gobierno hayan constituido el grueso de los festejos. La cultura permite cosas que la pelotudez de la política no permite, habría dicho el presidente José Mujica.

Sin embargo, la fiesta fue un hecho político. Pero no partidario, o en términos de capitalizar para uno o para otro, o en sentido de acumular en uno u otro lugar, sino político como creación del espacio público y como mensaje de una nación que nos involucra a todos más allá de nuestras preferencias. La pelea entre los políticos no consiguió convencer a muchos ciudadanos de que sus motivos de encono resultaban más importantes y trascendentes que aquello que se estaba celebrando. La manera pacífica de participar constituye, de manera clara, una prueba de ello. A nadie se le ocurrió agitar una pancarta a favor de su bando frente al Cabildo o frente al Teatro Colón, aun cuando cada uno de los participantes pueda dar la razón a uno u otro sector en esa pelea; aun cuando haya muchos motivos de conflictos y de disputas. Por eso la celebración fue una lección sobre qué quiere el pueblo argentino. El que mejor lo exprese, sin duda va a dar el salto que permita, en la próxima prueba, acortar la brecha entre las dos Argentinas.



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María Pía López, socióloga


Fiesta y relato

Fue una fiesta. Vasta y callejera. Interrumpió las lógicas cotidianas de uso del espacio público y también las derivas urbanas habituales. Porque si esta ciudad, como tantas otras, en las últimas décadas fue rehecha por lógicas de segregación social que espacializaron la polarización económica, construyendo ghettos para pobres y urbanizaciones privadas para ricos; durante estos breves días de mayo la heterogeneidad se hizo visible y en las calles se cruzaron aquellos que provenían de los barrios más dispares. También, porque si en los últimos años primó la retórica de la inseguridad, basada en la idea de que salir a la calle era peligroso y cruzarse con desconocidos una amenaza; los días de la fiesta la multitud era el mar del cuidado, del respeto mutuo y de la consideración.

La fiesta fue alegría de ritualidad escolar –con marchas militares incluidas–, de hinchada de fútbol, de espectáculo masivo. Puso en escena una ciudad y un país que no se parecen a sus cotidianos dolidos por la pobreza o la segregación. Materialmente hizo del Bicentenario no sólo el plano de una rememoración, sino el de una existencia social a construir con una idea de igualdad democrática profunda. Auscultar eso que sucedió, en la espontaneidad de las multitudes caminantes, oyentes, festivas y recordatorias, es extraer imágenes posibles para la vida del presente, de los anhelos no explícitos en los recorridos habituales de la nación.

Esa fiesta fue el marco popular de una narración sobre la historia argentina. Una narración que, con imágenes proyectadas, con stands, con músicos, con retratos de patriotas, con una dramaturgia de grandes escenas, situó la historia argentina como un capítulo de la emancipación latinoamericana. Contra el relato de la Argentina del Centenario, recostado en el vínculo con Europa y en la puesta en escena de una paz social inexistente, para tranquilizar la mirada de los visitantes extranjeros, se erigió este otro relato, hecho de latinoamericanismos y de reconocimientos del carácter conflictivo de la existencia política, poniendo en el centro de los acontecimientos aquellos que fueron actuados por el activismo militante del siglo.

La Argentina de esos años estaba siendo rehecha por las multitudes inmigratorias europeas; la actual por la migración de los países de la región. Por eso, situar los hechos de la historia nacional en la historia del continente no es sólo un acto simbólico: es lo que en el plano de los símbolos corresponde a las efectivas políticas de apertura de las fronteras y de legitimación de los derechos de los migrantes y a la apuesta por instancias de articulación regional como el Unasur. Del mismo modo, la centralidad de Madres y de Abuelas de Plaza de Mayo en la conmemoración es lo que corresponde en el plano simbólico a las efectivas políticas de reparación y juicios respecto de los crímenes de la última dictadura.

Hace cuatro años un cuadro fue descolgado. Este 25 varios retratos fueron colocados en una suerte de panteón de las luchas emancipatorias, dejando el hilo de una tarea siempre reanudada y siempre inconclusa.

El relato corresponde, entonces, a los reales hilos que traman la Argentina contemporánea. La fiesta a los tiempos utópicos, esos que recorren como hálito cada presente, para recordarle aquello que una y otra vez se debe reabrir: la hechura popular de los acontecimientos históricos. Es más sencillo develar lo que significa el primero, que saber lo que llama, sordamente, en el segundo. Pero su fugaz paso –con la fugacidad de la fiesta– debe ser preservado: otra ciudad se vivió en esos días. Bastante más parecida a aquella en la que querríamos vivir.



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