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martes 31 de marzo de 2009

VIII REUNIÓN DE ANTROPOLOGÍA DEL MERCOSUR


VIII Reunión de Antropología del Mercosur
29 de septiembre a 2 de octubre de 2009 Buenos Aires, Argentina
GT 22 – Violencia y Procesos Institucionales de Administración de Conflictos. Perspectivas Comparadas


Coordinadores: Sofía Tiscornia - Roberto Kant de Lima - Carla Villalta Dirección electrónica: gt22ram2009@gmail.com El Grupo de Trabajo propone reunir trabajos que desde una perspectiva etnográfica y comparativa analicen las condiciones político–culturales del problema de la violencia institucional, como proceso constitutivo de las relaciones sociales. Serán recibidas ponencias y comunicaciones que aborden cuestiones tales como: el funcionamiento de las burocracias penales y administrativas en perspectiva de la historia reciente; tradiciones, prácticas y reformas de las fuerzas policiales, de seguridad y de las Fuerzas Armadas; análisis de la intervención política y judicial de organizaciones y colectivos de derechos humanos y activistas sociales en temas de violencia y seguridad; interrelaciones entre políticas de asistencia y políticas represivas en la criminalización de la protesta social; incidencia del derecho internacional de los derechos humanos en políticas públicas y administración de conflictos; administración de conflictos en el espacio público. Se propone también recibir trabajos que problematicen la investigación sobre archivos, documentos y expedientes producidos por las burocracias estatales. El GT se propone como un espacio de exposición y debate del estado del arte en estas cuestiones. Por ello, los trabajos serán agrupados en sesiones temáticas que contarán con comentaristas, propuestos por los coordinadores, a fin de que los mismos delineen posibles líneas de discusión e intercambio entre los trabajos presentados.

Convocatoria para presentación de los resúmenes:


Plazo para la recepción de resúmenes: 30 de Marzo de 2009


Deberán ser enviados por correo electrónico a todos los coordinadores del GT correspondiente, con copia a: gt_ram2009@unsam.edu.ar

El Asunto/Subject DEBE RESPETAR TEXTUALMENTE EL SIGUIENTE FORMATO: GT [Número de GT] - RAM (p.e. "GT 8 - RAM")


Forma de presentación de los resúmenes:


Fuente Times New Roman 12, espaciado simpleExtensión máxima 300 palabras Deberán incluir: título de la ponencia, autores, pertenencias institucionales, y 3 palabras clave

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TERCERAS JORNADAS DE JÓVENES INVESTIGADORES UNT - AUGM

Terceras Jornadas de Jóvenes Investigadores UNT-AUGM
(Universidad Nacional de Tucumán-Asociación de Universidades Grupo Montevideo)

Fecha: 23, 24 y 25 de Junio de 2009


Lugar: Centro Cultural "Eugenio Flavio Virla", 25 de Mayo 265


Podrán participar los estudiantes de grado y postgrado de la UNT, jóvenes graduados, becarios de la UNT, del Conicet y la ANPCyT, hasta la edad de 35 años.

Las Jornadas aceptarán comunicaciones producto de trabajos de investigación originales dentro de un amplio espectro temático. La modalidad de presentación de trabajos será mediante exposición frente a un poster.

Presentación de resúmenes. Fecha límite: lunes 11 de mayo de 2009

Presentación de comunicaciones completas: fecha límite lunes 1 de junio de 2009

No se aceptarán comunicaciones de más de cinco coautores ni más de dos trabajos por autor/coautor.

La presentación de la comunicación completa será requisito previo para la participación en las Jornadas. La aceptación estará a cargo de un comité ad hoc.

El envío de resúmenes y comunicaciones completas, así como toda consulta, se realizará a la siguiente dirección electrónica:
jornadasjovenesinvestigadores@ct.unt.edu.ar

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Restauración conservadora o profundización del cambio

Restauración conservadora o profundización del cambio

El espacio de intelectuales, artistas y creadores Carta Abierta elaboró un nuevo documento, centrado en el avance de “una derecha agromediática” en el contexto del escenario electoral nacional y de la intensa crisis global. La presentación se hará mañana, a las 13, en la Librería Foro Gandhi. Aquí, el texto completo.




Recorre la Argentina la fanfarria de una restauración conservadora, expresión de una derecha vieja y nueva. Con arrebatos cambiantes, a veces con estridencia, muchas veces en la penumbra, nerviosamente se preparan. Van de reunión en reunión, en una coreografía que se hace y rehace bajo la bitácora de semanales gacetilleros del gran desquite. Ventrílocuos, pronostican el próximo viraje. El fin de la pesadilla. No llegan a ser aún la Santa Alianza. Pero a falta de un Metternich, pululan políticos de diversas historias y procedencias, estilos comunicacionales aparentemente objetivos y representantes de economías facciosas que apuestan a recrear un Estado sin capacidad de pensar el conjunto de la Nación, cuando es necesario transformarlo en el sentido contrario, sacudiéndose sus modos neoliberales y su debilidad institucional. Los restauradores exudan el deseo de recuperar los fastos de la Argentina del primer centenario, aquella en la que la mitología agroganadera representaba los fundamentos de la Nación. Sus narrativas del presente se inspiran en las injusticias y desigualdades del pasado.
Ellos realizan sus rápidos cálculos de reposición del viejo orden. Alegan pureza institucional, pero se han abstenido de hacer gala de ella cada vez que les tocó actuar en tareas de responsabilidad. Esgrimen que se han superado los límites tolerables en materia de seguridad, pero en vez de pensar los abismos sociales que sólo se remedian con políticas democráticas y con el desafío aún pendiente de una nueva distribución del ingreso, expanden un miedo difuso preparando futuras agencias y formas regresivas de control poblacional. Vigilar y castigar parecen ser sus recursos privilegiados, el núcleo primero y último de la brutal simplificación de la anomia que subyace a una sociedad desquiciada por la implantación, desde los años de la dictadura videlista, de un proyecto de país fundado en la exclusión, la marginalidad y la miseria creciente de aquellos mismos que acabarán convertidos en carne de prisión o de gatillo fácil.
Si es el caso, no vacilan en aceptar pigmentos de “izquierda” para presentar un proyecto que pertenece a las fantasías recónditas de una nueva derecha mundial. Desenfadados, anuncian que todo lo que harán no será contradictorio con la asunción de “la política de derechos humanos”. El neoconservadorismo argentino ha aprendido a no ser literal como sus ancestros. Puede ser también, si lo apuran, un “progresismo de derecha”, imbuido de los miles de fragmentos sueltos que vagan por los lenguajes políticos. Todo vale. Pueden tomar las premisas de una lengua que hace poco pertenecía a los movimientos sociales de transformación. O pueden sonreír por lo bajo, pues alguien sustituyéndolos reclamará magnas puniciones y pronunciará el supremo veredicto: “pena de muerte”. Será la forma sublimada de indicar el rumbo de la reingeniería de una “sociedad turbada”, una Argentina que reclamaría la pastoral de la seguridad, que en vez de considerarse un grave problema que debe convocar imaginativas soluciones económicas, democráticas, laborales y pedagógicas, es visto como una peste medieval que exige periódicos exorcismos de punitivas sacerdotisas y ávidos prelados.
Junto a la complicidad con quienes exigen un cadalso público como forma de una nueva razón disciplinadora, los mundos políticos de la restauración conservadora extienden bruscamente ante sí el descuartizado mapa de las ideologías argentinas. Unos buscando “patas peronistas”, otros “patas liberales” y otros “patas radicales” para lo que creen que son sus baches a ser rellenados con cuadrillas políticas nocturnas de urgencia. Confunden política con pavimentación. Se entrecruzan en el complaciente intercambio de figuritas sobre el vacío que se atribuyen a sí mismos. Comienzan por reconocerse carentes, vivir en el socavón de su propia escasez. No sorprende que la decadencia de las grandes ideas de cambio social haya traído aparejada la decadencia del lenguaje político. Las viejas corrientes políticas, que supieron ser corrientes de ideas, son ahora partes de un pensamiento rápido, aleatorio, que se arrastra por el piso como un mueble que desgastó sus soportes. La nueva derecha, forjada en los lenguajes massmediáticos, carece de escrúpulos a la hora de arrojar por la borda ideas y principios o de adherirse a los restos tumefactos de tradiciones antagónicas; lo único que le importa es conquistar, por la vía de la simplificación y el vaciamiento ideológico, a una ciudadanía apresada en las matrices heredadas de los ’90 menemistas. Pretenden organizar las filas del individualismo atemorizado pero si triunfan no gobernarán como estrategas de la concordia social sino como artífices de una implacable revancha represiva.
Los representantes de la restauración han memorizado así archisabidos preceptos, míseras cartillas para refundar el Orden Conservador, pero se sienten vivados por los abstractos públicos presentados como momentánea platea popular sustituta. Saben que actúan en medio de poblaciones estremecidas por los diversos planos de una crisis civilizatoria de la que dicen no tiene conclusión visible, pero la suelen ver como parte de un oscuro deseo de que esa crisis llegue pronto a la Argentina como “gran electora catastrófica”. La crisis mundial sería la prestidigitadora de una devastación. Desarticularía previsiones, refutaría políticas públicas y esparciría desempleo, inestabilidad o pánico. Y les daría votos. La conciencia invisible del conservador se mueve en todos los rubros de la lengua movilizadora, pues sabe que hay un público difuso extendido en todo el país que lo escucha y que proviene de muchos legados políticos destrozados. Se parte del anhelo de que la crisis venga ya. Que irrumpa por fin esa crisis mundial y derrote a los esfuerzos que se hacen por conjurarla, a veces buenos, otras improvisados sobre el vértigo que la crisis impone, no siempre efectivos.
En el inconsciente colectivo de la restauración se halla emplazado el pensamiento de que la “llegada visible de la crisis” equivaldría a una admonición mesiánica que se encargaría de derrotar a los frágiles gobiernos a martillazos del Dow Jones y drásticos patrullajes del Nasdaq. Ninguna conciencia parecen tener de que esas catástrofes en el centro del mundo se han llevado consigo los paradigmas sobre los que construyeron sus capitales políticointelectuales. Más que paradigmas, son sofismas que no cesan de repetir a despecho de las evidencias. Eluden dar cuenta de la gravedad mundial de la crisis para menoscabar las medidas que atenúan sus ondas expansivas más duras. No se atreven a reconocer que la demora y cierta “suavidad” relativa de la crisis en Argentina se vincula con las políticas gubernamentales de moderada desconexión de las lógicas financieras del capitalismo contemporáneo. Los restauradores repiten sus axiomas ya fallidos y no trepidan en solicitar el fin de la desconexión: volver al seno del FMI es ya una consigna de batalla.
Los líderes del “partido del orden”, mientras aguardan el auxilio de la crisis, no pueden atravesar ciertos dilemas de parroquia: ¿qué representación política dará finalmente el nuevo bloque agrario que trae la sorprendente fusión en las consignas de los agronegocios de los sectores que antaño se diferenciaban por distintos tipos de actividad agropecuaria? Una nueva soldadura material y simbólica ha ocurrido frente a las nuevas características tecnológicas y empresariales de la explotación de la tierra sobre el trasfondo de ganancias inesperadas. Se trata de un bloque “enlazado” que, bajo un débil manto de republicanismo, se propone la cruzada restauradora y para hacerlo declara vetustos los desvencijados partidos remanentes, exige una derechización social y pone en crisis también a las tradicionales representaciones del sector.
Los restauradores anuncian que están frente a una impostura histórica pero llaman impostura a novedades introducidas por un juego democrático que sin duda es desprolijo pero vital; anuncian que están frente a manifestaciones de locura y tilinguería, pero no se privan de reclutar en sus filas a toda clase de comediantes que postulan el regreso a una normalidad administrada desde antiguos retablos ajustistas. Anuncian también que están frente a un gobierno errático, peligrosamente estatista –si son liberales–, e insensible a lo social –si asumen aires ocasionales de izquierda–. La impostura de la que acusan al Gobierno atraviesa de lado a lado su lenguaje, en especial cuando recurren a antiguas y venerables simbologías populares en nombre de intereses antagónicos de esas tradiciones.
Este tema es necesario recorrerlo claramente. El Gobierno se halla en medio de una tormenta social y política –local e internacional– acerca de la cual, tanto como no se puede aceptar que la haya provocado en lo que tiene de incierta, tampoco es posible dejar de ver en sus medidas más atrevidas el origen de las hirientes esquirlas que recibe como respuesta y debe afrontar. Estas medidas ya se conocen, y van desde los primeros gestos en relación a fuertes reparaciones simbólicas que desataron nudos asfixiantes de la historia hasta el pasaje de las existencias de las AFJP al patrimonio público bajo administración estatal o el profundo y necesario proyecto de ley de medios audiovisuales, sin dejar en un segundo plano la recuperación de una perspectiva latinoamericana que abandonó el paradigma de las “relaciones carnales” para encontrarse con irredentas pertenencias histórico-culturales. Con sus diferencias y particularidades, los procesos boliviano, venezolano, brasileño, ecuatoriano, cubano, uruguayo, chileno, paraguayo, nicaragüense, salvadoreño, no nos dejan pensar que esta hora latinoamericana va a ceder su horizonte de realizaciones ante la agresión mancomunada de las nigromantes y los hechiceros del retroceso. Y sabemos que la difícil encrucijada económica y social no puede sortearse sin la composición de tramas políticas, económicas y culturales de alcance regional.
El ciclo abierto en el 2003, no sin titubeos, produjo una diferencia con las formas de gobernabilidad anteriores, diferencia surgida de la lectura de los acontecimientos de 2001, cuando el protagonismo popular sancionó el fin de aquellas formas. Diferencia que se percibe en sus intentos democratizadores (que van desde la modificación virtuosa de la Corte Suprema hasta la afirmación de una política de derechos humanos que retoma los reclamos de los grupos organizados por su defensa), en el tipo de encuentro que propició con los movimientos sociales (entrecruzamiento de diálogos y no de medidas represivas), en el planteo de núcleos centrales para una sociedad justa (desde la enunciación de una pendiente redistribución del ingreso hasta la extensión de los derechos jubilatorios y la reposición de la movilidad de los haberes), desde la innovación en políticas de defensa hasta la decisión de no rendir ante el altar de la crisis los sacrificios tradicionales del trabajo y del salario.
Se conocen también sus deficiencias. Existe un gran contraste entre acciones innovadoras en campos sensibles de la vida social y apoyaturas que arrastran estilos rígidos, no decididamente democráticos, de organización política. Nos referimos a una escasa renovación en los sostenes oficiales del Gobierno, cuando no a un chato horizonte de conveniencias sectoriales –encarnadas por lo general en porciones extensas del Partido Justicialista– y específicamente en el profundo error que se comete con alianzas como las de Catamarca, donde se marchó junto a la figura que gobernaba la provincia cuando sacudía al país el caso María Soledad y con las huestes de un confeso ladrón. También lo que implica la cercanía con Aldo Rico en San Miguel, para mencionar sólo los casos que más hieren. No sólo por lo que componen, también por la ausencia que revelan de otra construcción política capaz de efectuar una interpelación popular, convocar a los hombres y mujeres, a los trabajadores, a los desocupados, a los que estudian y los que crean, a apoyar y expandir una diferencia que efectivamente existe en ciertos actos y se opaca en la rutina de las antiguallas partidarias. No es casual que en las entretelas de estas alianzas de ocasión con personajes sin moral y sin conciencia, que han navegado los últimos veinte años de vida política, haya tomado cuerpo la “idea” de una “salida ordenada” del kirchnerismo, manejando figuras como el cáustico sojero Fórmula 1. Esa salida –engalanada con prefijo post– dejaría al pueblo como rehén. Se trata, en realidad, de la restauración conservadora con la misma soja al cuello pero con Hugo del Carril en la vitrola. El Gobierno se recuesta sobre una estructura partidaria que parece garantizarle un piso electoral imprescindible, sin transitar por sendas en las que se podría vislumbrar un horizonte distinto. Comprender la carencia no significa aceptar la solución como la única posible. Es, más bien, anticipar los costos a pagar.
Son temas que es necesario revisar. La dignidad de un proyecto social de cambios requiere que sus apoyos surjan convencidamente de llamados a las vertientes sociales, productivas y culturales que esperan participar en un movimiento que pueda gobernar en medio de desafíos fundamentales y vencerlos innovadoramente. Ese llamado aún no ha ocurrido aunque, como debe brotar de los pliegues críticos de la sociedad, es necesario encontrar en la sociedad civil el lenguaje y los argumentos para concretarlo. Un lenguaje sensible a una sociedad que se ha transformado y cuyas disidencias internas, sus polémicas públicas, no pueden ser explicadas sólo con la cartilla de las anteriores lecturas nacional-populares. El desafío es apropiarse de aquellas lecturas pero entramadas en una nueva y compleja realidad; de reencontrarse con los afluentes de una memoria de la justicia y la igualdad en el contexto de inéditos saltos al vacío del capitalismo actual. Es bajo esta perspectiva que reconocemos la trascendencia de lo abierto en mayo del 2003 y que no olvidamos las enormes dificultades que existían y que todavía persisten para construir un proyecto democrático y popular. Algunas izquierdas, como lo han hecho repetidamente, no atinan a dar cuenta de la singularidad de los acontecimientos. Es hora de entrelazar miradas, perspectivas, tradiciones y biografías diversas que comparten el ideal emancipatorio, intuyendo que la hora argentina reclama una fuerte toma de partido que sea capaz de enfrentar la restauración conservadora.
No queda mucho tiempo para ello. Pero reconocer las dificultades no implica bajar los brazos. Las consecuencias de un triunfo de la coalición conservadora pueden ser graves, pero este documento quiere ser de esperanza y de reagrupamiento en la lucha. Veamos: en la Ciudad de Buenos Aires está en curso una experiencia. La gobierna una derecha que con remozada gestualidad despliega destructivos ataques a las instituciones públicas de la ciudad, rastrilla las calles con anteojeras represivas y no desdeña ocasión de borrar aquello que otros pensamientos políticos habían inscripto en la vida estatal. Gobierna esa derecha por su capacidad de seducir a un electorado dispuesto al festejo de fórmulas abstractas que (ilusoriamente) resolverían problemas complejos. Pero el progresismo porteño aún merece una revisión crítica y el gobierno nacional el cuestionamiento de su escasa reflexión sobre la peculiar sensibilidad cultural y política de la ciudad. Cuando algo permanece intratado, cuando no se lo considera en su especificidad, es arrojado a un trato consignista, abstracto, reactivo. Campo fértil para las derechas, con sus maniqueísmos excluyentes. Por eso, se arriesga demasiado cuando se trata con categorías desdeñosas a una ciudadanía que puede ser complaciente y superficial, pero en ocasiones, además, díscola y crítica. También el riesgo es altísimo cuando se renuncia a considerar ciertos temas, como el de seguridad, por lo que arrastran de amenaza. Las grandes ciudades argentinas, escenarios y protagonistas de luchas emblemáticas de la historia nacional (desde las huelgas de la Semana Trágica o la Reforma Universitaria hasta el Cordobazo; desde el 17 de Octubre o la huelga del frigorífico Lisandro de la Torre hasta las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001), esas mismas ciudades han sido permeables al discurso neoliberal. Pero las ciudades anteriores persisten.
Tradiciones culturales y memorias comunitarias subyacen a la espera de una invocación política que las reavive y contenga. Nadie es dueño de la conciencia de los millones que viven, sueñan y despotrican en estas urbes. La crisis puede ser oportunidad de reabrir esa historia y para considerar los núcleos potentes de las luchas urbanas actuales: la confrontación contra la precarización del trabajo y el desempleo, el enfrentamiento contra las añejas pero actualizadas formas de opresión a las mujeres, para nombrar sólo algunas. No damos por perdida esa apuesta por arrebatar las ciudades de sus cautiverios mediáticos y sus temblores restauradores.
Cuestiones vitales como el modelo energético, el régimen de entidades financieras, el transporte ferroviario y fluvial, la explotación minera, requieren formas de desarrollo viables que no acepten fáciles composiciones con empresas transnacionales que no tienen hipótesis de preservación ambiental ni se componen con un modelo económico nacional autónomo. Es necesario actuar con criterios eficaces en torno a crear opciones económicas democráticas, donde un pragmatismo inmediatista no sustituya un proyecto más profundo de economía distributiva, proteccionismo democrático, urbanismo integrador e inclusivo y ordenamientos normativos que impidan la rapiña de recursos. Esto requeriría de instituciones estatales con capacidad de desplegar políticas públicas, con efectiva llegada a todo el territorio nacional. Pero sabemos que, si entre los méritos del ciclo abierto en el 2003 está el de resituar la importancia del Estado, también es claro que el realmente existente no está a la altura de esa relevancia.
Se han desplegado, sin embargo, considerables apoyos a los compromisos científicos sustantivos, expandiendo la investigación, los presupuestos a ella destinados e incentivando la innovación intelectual en la vida social productiva. En este mismo itinerario, queda pendiente la renovación de las fuentes de la reflexión crítica sobre estas materias, sin esquematismos ni fervores momentáneos que demoren el encuentro de los grandes núcleos de acción intelectual creativa en torno a la ciencia, el arte, el urbanismo, los medios de comunicación, el lenguaje, el diseño y las tecnologías. La creación del Ministerio de Cultura de la Nación, capaz de articularse con el de Ciencia y Tecnología, permitiría pensar la inteligencia y la creatividad sociales en conjunto, no como secciones estancas de acciones nómadas.
Por todo esto, llamamos a ejercer el derecho de crítica autónoma dentro de un gran campo de apoyo a los aspectos realizativos que ha encarnado el gobierno nacional. El momento lo reclama. No somos partisanos de una axiomática y binaria contradicción fundamental, aun cuando reconozcamos que las situaciones críticas conllevan, a nuestro pesar, un borramiento de matices. Debe haber distintas variantes y situaciones para los pensamientos críticos. Pero tampoco el Gobierno es ese manojo irreversible de contradicciones obtusas que a diario nos propone la vasta maquinaria mediática que lo envía al patíbulo en miles de minutos diarios de televisión, acudiendo a las doctrinas ubicuas del escándalo y el odio, en uno de los momentos más graves de irracionalismo asustadizo y de no tan encubiertos racismos que haya vivido la sociedad argentina contemporánea. Esa ofensiva de una derecha agromediática que no deja nada por tocar ni ensuciar, que corta rutas y agita conspiraciones, nos persuade de la decisiva importancia que adquiere no solamente la defensa de la legitimidad democrática sino, más hondo y grave, del decisivo entrelazamiento de un proyecto popular con el destino del Gobierno. Desatar el nudo que une ambas perspectivas constituye un error cuyo costo puede ser desmesuradamente elevado; imaginar que la caída de lo inaugurado en el 2003 puede ensanchar el horizonte popular y nacional es no sólo una gigantesca quimera sino una perturbadora irresponsabilidad histórica de los que todavía no comprenden el carácter y la dimensión del peligro restaurador.
La restauración tiene sus antenas y tentáculos preparados para aprovechar los deficientes reconocimientos mutuos que hemos tenido entre aquellos que en el pasado compartimos horas decisivas para constituir una fuerza popular transformadora desde distintas vertientes de la historia argentina. Llamamos entonces a que consideren favorablemente estas ideas, precisamente los compañeros de las izquierdas, de las corrientes nacional-populares, de los libertarismos, de los autonomismos y de los socialismos. Es imprescindible que sigan realizando observaciones críticas a las que siempre les otorgamos credibilidad, pero también les proponemos que las integren a un seno común aunque heterogéneo de opiniones situado ante la urgencia de oponerse a la restauración conservadora. Pero no menos imprescindible es que se constituya una gran fuerza autónoma que recorra las diversas experiencias de transformación social y las devuelva a la esfera pública de un modo movilizador, renovado y creíble. Allí radica una de las apuestas sin la que resulta casi inimaginable la profundización popular de un proyecto democrático que vino a renovar las lenguas políticas en un tiempo dominado por las clausuras y las desesperanzas.
Llamamos a actuar contra la restauración conservadora de un modo creativo, inhibiendo su diseminación con argumentos sutiles y masivos, que pongan en evidencia su auténtica impostura, su anacronismo y la amenaza que suponen a cualquier forma de redención social, defendiendo los aspectos progresivos de la actual situación y haciendo explícitas las reservas, a modo de un necesario reencaminamiento de las acciones políticas populares. Llamamos a no dejarnos sorprender por el clima de desprecio que crean los operadores de una crisis anunciada, que es el ensueño de las viejas fuerzas del Orden con pañuelito de seda al cuello, gozando ahora de la masividad mediática con que instalaron el partido del miedo. Llamamos a retirarnos de la quietud y a no quedar atados al comprensible malestar por los enredos que poseen muchos de los recorridos políticos de la hora. Porque la aparente claridad de los restauradores traerá al país los capítulos ya conocidos de la pasividad cívica, el descompromiso con el trabajo colectivo, la mediocridad política y el predominio de los círculos áulicos que operan en el servicialismo a los más oscuros poderes imperiales, cuyo resultado previsible es la multiplicación de la desigualdad, su marca más auténtica.
En estos meses, se desplegará una contienda electoral que tendrá mucho de plebiscito respecto de las políticas gubernamentales, que en algunos casos presentan deficiencias pero que configuran acciones reparatorias para una sociedad dañada. Las rutinas electorales –con sus desfiles de espantajos y sus diatribas mutuas– serían insufladas de otro entusiasmo si se las dota de un carácter programático. De un programa en el que la defensa de los derechos humanos, la consideración de la seguridad sin reduccionismos represivos, políticas de retención de las rentas extraordinarias, estrategias de apoyo a la producción, proyectos educativos que promuevan sujetos autónomos e inclusión social, políticas de salud enraizadas en las vastas necesidades populares, la profundización de la integración regional, la preservación ambiental (incluidos los glaciares) y el debido cumplimiento de las aún pocas leyes existentes que reconocen los derechos de los pueblos indígenas, no puedan ser expurgados ni menoscabados. Por otro lado, también se estará debatiendo una de las más radicales medidas de distribución cultural: una ley que impulsa la democratización del sistema de medios de comunicación. El proyecto, surgido de intercambios y consultas, estará recorriendo los vericuetos del debate en la sociedad civil antes de su trato parlamentario. No serán, no son, tiempos fáciles, portan una nitidez casi dolorosa y exigen renovadas pasiones. Muestran que no hay para el pueblo argentino “salida ordenada” contra la restauración conservadora. ¡Profundicemos los cambios! Ese es nuestro llamado.
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lunes 30 de marzo de 2009

RED PARA EL ESTUDIO DE LAS IZQUIERDAS EN AMÉRICA LATINA (REIAL)


RED PARA EL ESTUDIO DE LAS IZQUIERDAS EN AMÉRICA LATINA (REIAL)
III REUNIÓN INTERNACIONAL:
CULTURA, NACIÓN Y GLOBALIZACIÓN: EXPERIENCIAS, PROYECTOS Y DEBATES DE LAS IZQUIERDAS EN AMÉRICA LATINA




Universidad de Guadalajara, 23 a 25 de septiembre de 2009


La reestructuración, entre crisis periódicas, del sistema capitalista y las transformaciones tecnológicas de las últimas décadas han generado un conjunto de procesos y fenómenos políticos, sociales y culturales que se pueden resumir en el concepto de globalización. La globalización, por un lado, abre nuevas formas, escalas y perspectivas de contacto social, económico y cultural, entre los agentes sociales, reconfigurando, incluso a su pesar, su posición en el sistema. Por otro, redefine la situación de la escena internacional, asumida y utilizada por las grandes potencias para reafirmar su control geoestratégico y económico reduciendo los márgenes de soberanía de los Estados-nación, de manera destacable, por su posición, en los del área latinoamericana.
Las izquierdas en América Latina se propusieron elaborar, a lo largo del siglo XX, una producción simbólica propia que permitiera el surgimiento de una cultura de izquierda. Este proyecto dio origen a vanguardias intelectuales, al muralismo, a una literatura y a una dramaturgia que reflejaba la realidad y a modelos educativos y comunicativos alternativos.
Sin embargo, la transnacionalización de las economías, de las políticas gubernamentales, de las relaciones sociales y culturales, en un marco a la vez globalizado y sujeto a una fuerte fragmentación, en el ámbito de los diferentes países alteraron radicalmente las condiciones materiales de vida de las personas, con especial incidencia sobre los sectores subalternos y sus posibilidades de presencia, movilización y acción política. Dichas alteraciones los han obligado a generar respuestas de adaptación y/o cuestionamiento expresados en la redefinición de las actitudes, las identidades y las culturas nacionales, regionales y/o locales. Asimismo, han evidenciado las contradicciones y la actualidad de las tradiciones y las ortodoxias de pensamiento y praxis política tendiente a definir modelos alternativos de la sociedad.
Para dar cuenta de los cambios operados y de los efectos producidos en los sujetos, con resalte para los sectores subalternos, sus identidades y sus expresiones culturales, las formas de organización y de acción, así como en los objetivos que éstas persiguen, la Red para el Estudio de las Izquierdas en América Latina (REIAL) convoca a investigadoras e investigadores a participar en su III Congreso, bajo el tema: CULTURA, NACIÓN Y GLOBALIZACIÓN: EXPERIENCIAS, PROYECTOS Y DEBATES DE LAS IZQUIERDAS EN AMÉRICA LATINA, con el propósito de reflexionar sobre las maneras en que desde la izquierda se ha construido y teorizado la cultura; y se han enfrentado los cambios impuestos por la globalización, tanto en el nivel político y organizativo, como en el empleo de los nuevos recursos y medios tecnológicos a su alcance, para formular visiones alternativas del futuro, desde la vida cotidiana, el arte y la cultura, para hacer frente a la fragmentación y el individualismo como formas de dominio impuestas a través del control de los medios de producción y difusión de cultura y reconstituir la capacidad de acción autónoma de los sujetos en la lucha por su liberación.
Interesa conocer, igualmente, los procesos de reconstitución y afirmación identitaria y comunitaria, desarrollados por diversos sectores como los indígenas, mujeres, jóvenes, etc.; la recuperación de la memoria y de las tradiciones ancestrales de lucha; la apropiación de las tecnologías para la comunicación entre distintos grupos y el establecimiento de alianzas y redes de solidaridad y para la difusión de sus acciones y propósitos hacia otros sectores identificados como aliados potenciales, y también, el aprovechamiento de las nuevas condiciones de trabajo y de vida para potenciar su capacidad de lucha (como ocurre con grupos de migrantes). Pues la globalización no es sólo el proceso fatal que aniquila la capacidad de resistencia de los sectores subalternos al imponer nuevas condiciones de opresión, sino también la oportunidad para apropiarse de los recursos que la aceleración del tiempo histórico y de los desplazamientos de las personas para utilizarlos como medios de afirmación y de propuesta de nuevos proyectos sociales.


A continuación se enlistan las siguientes mesas temáticas
1. Del corrido a la nueva trova: el teatro y la plaza en la experiencia cultural de las izquierdas en América Latina.
2. La narrativa, la literatura, los discursos, el lenguaje o la producción simbólica de las izquierdas en América Latina.
3. Experiencias educativas e izquierdas en América Latina.
4. Las izquierdas, el nacionalismo, el internacionalismo y el localismo. Posturas y movimientos surgidos en la época de la globalización.
5. Actores, movimientos y gobiernos: las izquierdas en la época de la globalización.
6. Artistas, intelectuales y militantes (historias de vida)
7. Fuentes y métodos para la historia de las izquierdas en América Latina


Fechas
Envío de propuestas: hasta el 1 de julio de 2009.
Informe de aceptación de propuestas: 15 de julio de 2009
Envío de ponencia: hasta el 15 de agosto de 2009.
Congreso: septiembre 23 a 25 de 2009, Centro Universitario de Ciencias sociales y Humanidades, Universidad de Guadalajara, Guadalajara, México.

Informes y Correspondencia: Humberto Puente, UMSNH,
redizquierdas@yahoo.com, hapuente@yahoo.com.mx y mgcastillor@hotmail.com


Instituciones que respaldan el III Encuentro de la REIAL: Coordinación de Ciencias Sociales y Humanidades, UASLP; Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco; Instituto de Investigaciones Históricas, UMSNH; Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad de Guadalajara.


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América Latina teme una vuelta atrás

La crisis global amenaza con desestabilizar a los países latinoamericanos tras seis años de bonanza económica - El frenazo llega en vísperas de un ciclo electoral


LUIS PRADOS (ENVIADO ESPECIAL) - Medellín - 30/03/2009


"Ésta es una crisis sin precedentes y en esta parte del mundo hemos visto muchas. Hasta ahora se quemaban los vagones de cola, pero esta vez es la locomotora la que está en llamas", comenta un veterano funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), principal fuente de financiación regional de América Latina y el Caribe, que celebra estos días su asamblea anual en Medellín (Colombia). Y es cierto. El incendio que la crisis económica global está causando en EE UU y Europa amenaza con hacer descarrilar a los países latinoamericanos tras seis años de bonanza y estabilidad política. Un promedio de crecimiento regional del 5% anual permitió en este tiempo sacar de la pobreza a más de 40 millones de personas, ensanchar la clase media y ampliar la cobertura social. Incluso McDonald's vendió en 2008 en esta parte del mundo más hamburguesas que en ningún otro lugar, con un incremento del 26% sobre 2007.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/America/Latina/teme/vuelta/elpepuint/20090330elpepiint_1/Tes

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En Tucuman hay remeras de combate que rememoran la represion del Operativo "Independencia"



En Tucumán hay remeras de combate

Estos son algunos de los motivos. En la provincia de Tucumán las remeras se agotan.
23-03-2009 / Las venden por Internet, tienen muchos compradores y rememoran la represión.

Por Ramiro ReartePeriodista. Desde Tucumán.Caminando por las calles del microcentro tucumano en una tarde de calor, este cronista se detuvo en una casa de elementos de caza y pesca. Había algo que llamaba la atención entre las cañas de pescar, los pantalones térmicos y los chalecos salvavidas. Sobre el margen izquierdo de la vidriera principal del local, (ubicado a pocas cuadras del solar en donde se declaró la Independencia), se exponían remeras con diversos diseños patriotas, la más tenebrosa de todas resaltaba por sí sola. Decía: “Operativo Independencia. El Ejército Argentino custodio de la Patria” y el dibujo mostraba a un militar clavando una estaca sobre la bandera del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), mientras arriba flameaba la enseña nacional. Clara referencia a justificar el genocidio que significó para la provincia la intervención militar del represor Antonio Domingo Bussi, que terminó el trabajo de Acdel Vilas. Fue el preámbulo de la muerte en nuestro país.Pero había más. El vendedor del negocio confesó que las remeras “salen un montón y casi no nos quedan”. Es más, tuvo que sacar una de la vidriera para mostrársela a un cliente, porque se habían agotado. No sólo aparece en el stock la remera del Operativo Independencia, sino otra que más que tenebrosa es lamentable: “Volveremos”, dice, y se ve a un militar con un arma pesada en su espalda ¿Qué quiere decir con “volveremos”? ¿Que los militares o sectores de la derecha están pensando tomar el poder? Quizás intensificaron el mecanismo de seducción y están incursionando en la moda, en el marketing. Ropa con proclamas directas sobre un momento de la historia argentina reciente que tratan de sepultar con estas acciones. Tal vez, piensan que como hay jóvenes que se ponen la remera del Che Guevara, también podrían usar otras como éstas. La empresa que fabrica estas prendas se llama (aunque usted no lo crea) Nueve milímetros y se jacta de hacer ropa rindiendo un homenaje a “los héroes de la Nación”.Los productos de esta empresa pueden adquirirse por teléfono desde Capital Federal y Tucumán. No se consignan ni nombres ni direcciones. “En este sitio encontrarán remeras con diseños nacionalistas. Es nuestro homenaje a todos los personajes que de una forma u otra ayudaron a engrandecer nuestra nación”. Ésas son las palabras de bienvenida al sitio.También se lee una declaración de principios tan retrógrada como alarmante. “Esta idea fue durante un largo tiempo solamente un anhelo, pero hoy es una realidad. Este pensamiento, plasmado en cada diseño de nuestras remeras tiene una gran carga emotiva, con un solo mensaje ‘realzar el espíritu y la conciencia nacional’ y sobre todo recordar a algunas personas que hicieron mucho por nuestra patria y que para nuestra querida Argentina son nada más y nada menos que héroes”.Los creadores del sitio confunden héroes con represores. En la sección fotos se observa al general San Martín con carapintadas y militares de los ’70. O dibujos de Montoneros junto a fotos de la compañía Ramón Rosa Jiménez, del ERP. En el sitio hay una advertencia para los que ingresen: la página no es para cualquiera. Sin dudas, hay que reunir ciertos requisitos. “Hoy le presentamos nuestra página hecha por y para argentinos que buscan manifestar en una simple remera el gran amor por la patria”.Sin novedad en el frente. El gobierno nacional impulsa la elevación a juicio de todas las causas por violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, en la provincia donde se juró la Independencia y donde se creó una de las primeras universidades del país, el represor Antonio Domingo Bussi pudo crear su partido una vez vuelta la democracia, ganar una elección para gobernador (en 1995), una diputación nacional, la intendencia de San Miguel de Tucumán (en 2003) y tres bancas para legisladores en el Congreso ese mismo año. Ahora hay gente que lo echa de menos.Cuando este cronista y el equipo de producción del documental El azúcar y la sangre recorrían la ciudad de Santa Lucía, cerca del ingenio cerrado durante la dictadura de Onganía, se toparon con una vecina del lugar. El guionista habló con ella.–Buenas, ¿cómo anda? –Bien ¿Qué andan haciendo?–Un documental sobre la guerrilla en Tucumán y los cierres de los ingenios.–Ah, sí. Me acuerdo esa época. Acá el Ejército venía todos los días y nos ayudaron mucho. También veía a los zurdos por estos lugares.–¿Sí? Y se daba cuenta usted…–Claro. Los veo caminar y sé que son zurdos. Los escucho hablar y también lo sé.El diálogo parecía de una película de bajo presupuesto, pero no. La mujer que ofrecía sus dotes para detectar “zurdos”, para diferenciarse de los otros, de los diferentes, estaba limpiando su humilde patio de tierra y de su casilla prefabricada. Pero seguía defendiendo a los militares como si nada hubiese pasado.Días después estaba previsto entrevistar a un comisario penitenciario de la cárcel de Villa Urquiza (la más poblada del norte argentino) que en su juventud había sido cabo del Ejercito y le tocó subir a los montes de Famaillá durante el Operativo Independencia. Lo curioso del caso fue que el uniformado quería mantener un diálogo con algún ex combatiente del ERP, para conocer sus vivencias, “de un lado y del otro”, decía.Lo estremecedor del relato, (que nunca salió en el documental porque el comisario finalmente desistió de la entrevista) es que, como en otras tantas ocasiones, a los colimbas los mandaban al frente de batalla y sus jefes quedaban en los campamentos alejados de cualquier tipo de revuelta “subversiva”. “Muchas veces ingresábamos a viviendas en los montes porque había subversivos y nuestros superiores nos alejaban del lugar para que ellos puedan quedarse con las cosas que se encontraban ahí. Dinero, libros, mercadería, ropa”, dijo el carcelero.Si bien parecen dos historias aisladas, no lo son. En Tucumán, hay sectores económicos y de familias tradicionales que esperan que esta época de gobierno democráticos y con una política clara en derechos humanos (aún con errores) se acabe. No es casual, entonces, que en esta provincia se vendan remeras con inscripciones alarmantes. A más de un tucumano le pareció normal que esas consignas se vendan en pleno centro. Y que se agoten. También así se entiende por qué Bussi descansa en un country y no en una cárcel común, lejos del caserío, lejos de los cordones de pobreza que él se encargó de tapiar.


Fuente: Miradas al Sur--


PD del que reenvia: Yo se de uno que las usa, es docente de Ciencias sociales, lee al che Guevara pero odia a los "Zurditos"... ¿Vieron alguna vez tamaña contradiccion? Pero es cierto enseña en innumerables colegios... No lo podia dejar pasar. Asi estan las cosas.


RED DE NOTICIAS DE DERECHOS HUMANOS

POR UN BICENTENARIO SIN IMPUNIDAD A LOS GENOCIDAS

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domingo 29 de marzo de 2009

SEGUIMOS BUSCANDO A LUCIANO ARRUGA, DESAPARECIDO EL 30 DE ENERO EN LOMAS DEL MIRADOR


Boletín Electrónico de noticias y actividades de la AEDD nro 507
Asociación de ex Detenidos Desaparecidos





Buenos Aires, Argentina La Asociaciòn de Ex Detenidos Desaparecidos se suma al repudio por esta nueva desaparición a manos de la policía boanerense y a la exigencia de aparición con vida y juicio y castigo a los responsables



Seguimos Buscando a Luciano Arruga Desaparecido el 30 de Enero en Lomas del Mirador



Fue visto llevado ese día al destacamento de esa localidad, que no está habilitada como tal para hacer detenciones. No lo vimos nunca más. El viernes 6 se movilizó una gran cantidad de vecinos de Lomas del Mirador y en particular del barrio 12 de Octubre, a reclamar la aparición con vida de Luciano, así como el Juicio y Castigo, previa remoción de actividad, de todo el personal policial que haya actuado cómplice de su desaparición. Esta movilización se dirigió al destacamento y realizó allí un escrache como acto de repudio. Hermana de Luciano: Vanesa Orieta 15-5879-4794

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EQUIPO PORTAL WEB AEDD:
LIDIA FRANK
GUSTAVO CARBONELL

Los invitamos a visitar nuestro sitio web:
www.exdesaparecidos .org.ar
e mail:
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FLOREAL EDGARDO AVELLANEDA - ¿Quién es el Negrito?




Floreal Edgardo Avellaneda, el Negrito, nació en la ciudad de Rosario el 14 de mayo de 1961. Era militante de la Federación Juvenil Comunista, se encargaba de las tareas de propaganda en su barrio. Vivía con su madre Iris Etelvina Pereyra de Avellaneda y con su padre Floreal Avellaneda, delegado de la fábrica textil Tensa, ambos militantes del Partido Comunista.

Floreal “el Negrito” Avellaneda, tenía tan sólo 14 años cuando fue secuestrado de su casa junto a su madre, es detenido ilegalmente y torturado. Su cadáver es hallado el 14 de mayo de 1976 en aguas del Río de la Plata. Su cuerpo fue encontrado con graves muestras de haber sufrido degradantes torturas físicas y haber sido víctima de un horroroso empalamiento.
A pesar de las torturas que le infligieron en la comisaría de Villa Martelli adonde lo llevaron, el Negrito no delató a ningún compañero, a pesar de que conocía muchos domicilios y cada una de las actividades de los comunistas del lugar: "Mi hijo ya tenía su educación y una gran valentía, lo mataron, pero no delató a ningún compañero, por eso para nosotros, los padres, es un ejemplo".

Por eso, en homenaje al compañero “Negrito” Avellaneda, decidimos llamar por su nombre a nuestro Centro Cultural de Munro. Porque el Negrito es parte constitutiva de la identidad política y cultural de la Fede, como son todos nuestros mártires, porque en diferentes momentos y procesos de lucha los comunistas siempre han hecho su cuota de sacrificio por las reivindicaciones de nuestro pueblo. Y el Negrito representa lo más valioso de la identidad de los comunistas, que es la capacidad de ser indoblegable, aun estando en manos del enemigo. Reivindicar al Negrito no es solo valorar el sacrificio de los comunistas, si no también es una forma de reivindicar una parte sustancial de la historia de nuestro pueblo que intentó ser negada durante tantos años.

Información sobre la causa Iris, la mamá del Negrito, luego de siete años de su secuestro y el de su hijo, presenta la primer querella. En la misma ella decía: “ Soy una modesta militante de un partido político y como tal y como ciudadana creo firmemente en la necesidad de asegurar la vigencia de los derecho y garantías y la estabilidad institucional, como sustento de la soberanía popular, y como uno de los pilares para consumar los cambios económicos y sociales que necesita el país.” (…) ”Mi hijo era militante de la Juventud del Partido Comunista. ¿Cómo puede explicarse su muerte?…Mi única explicación es que se negó a denunciar a sus compañeros y amigos. Por eso no puedo menos que rendirle junto con mi esposo, al terminar esta presentación, un sentido y emocionado homenaje, que hago extensivo, a todos los que como él enfrentaron la barbarie, y es por ello, fundamentalmente por ello, que pido y exijo VERDAD Y JUSTICIA….” Resumen de los hechos: En la madrugada del 15 de abril de 1976, aproximadamente a la 1:30 hs, se produjo el allanamiento. Ocho vehículos, en su mayoría Ford Falcon, rodearon la casa y ametrallaron la puerta de entrada. Disfrazados con pelucas, barbas y medias que cubrían sus rostros, irrumpieron en el hogar de forma increíblemente violenta y arrancaron el cable del teléfono. Luego de revisar toda la casa se llevaron todo el dinero que tenían (los sueldos completos de los padres del Negrito) y gran cantidad de libros de la biblioteca. En el acta respectiva que obra en esta causa, consta textualmente, que el objetivo del procedimiento era detener a Floreal Avellaneda, padre del Negrito, perteneciente al Partido Comunista, sindicado como “combatiente”, pero buscándolo a él detienen a su esposa. Esta acta aparece suscrita por el “Jefe Militar que produce la detención”: Tte. Cnel. AREVALO, firmando como testigos presenciales el Capitán FRAGNI y el Tte. 1ro. HABSICH. En la misma no se hace constar la aprehensión de Floreal Edgardo Avellaneda, probada plenamente.

Introdujeron juntos al Negrito, de sólo 14 años, y a su mamá en el asiento trasero del mismo auto. Así llegaron a su destino, la Comisaría de Villa Martelli, donde los separaron. Iris, la madre del Negrito, cuenta que escuchaba una música y los gritos de una persona a la que estaban torturando. Aparte, oía la característica tos de su hijo que estaba en un lugar próximo, a la cual ella contestaba de la misma manera tratando de hacerle saber que lo acompañaba.

Iris fue llevada a otro recinto en donde volvieron a poner la música que ya había oído, y comenzaron a interrogarla sobre el paradero de su esposo. Se le hizo bajar el vaquero y levantar la ropa, comenzaron a echarle agua y a picanearla en los pechos, órganos genitales, axilas, pies y partes del cuello.

La sesión de tortura duró largo tiempo, la desatan, la llevan a otra habitación y casi de inmediato oye la voz de su hijo cerca que desesperadamente la suplicó: “deciles mami, que papá se escapó…”. Luego volvió el silencio, hasta que de nuevo comenzó a oir la música anterior y los gritos de dolor del Negrito, su hijo, sometido a la tortura.

Nunca más se encontraron. Iris fue trasladada a la Cárcel de Olmos, donde permaneció detenida ilegalmente durante dos años y medio.

Se recurrió a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, a la Iglesia y a otras instituciones para obtener la libertad de Iris y averiguar el paradero e su hijo, Floreal “el Negrito” Avellaneda, sin resultado alguno.

El 16 de mayo de 1976, aparece una noticia periodística (Diario “Última Hora”), en el cual, mediante un comunicado oficial de la Prefectura Nacional Naval, se informa que de la aparición de 8 cadáveres en las costas del Uruguay. Uno de los cuerpos tenía un tatuaje en forma de corazón con las iniciales “F” y “A”. Era el Negrito.

Se hizo cargo de las acciones legales presentadas el Dr. Julio José Viaggio. Iris a raíz de las gestiones judiciales y extrajudiciales realizadas, recuperó su libertad el 13 de julio de 1978.

El Negrito fue encontrado sin vida, en las situaciones ya mencionadas, el 14 de mayo de 1976 en las costas de la República del Uruguay.


http://www.justiciaparafloreal.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=8:iquien-es-el-negrito-&catid=1:su-vida&Itemid=2



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SOLIDARIDAD POR AMENZAS A MILITANTE DE LA LIGAR ARGENTINA POR LOS DERECHOS HUMANOS

Solidaridad por amenazas a militante de la
Liga Argentina por los Derechos del Hombre



Queridos compañeros y amigos, ya les hemos enviado un comunicado de la Liga, informándoles la reiteración de las amenazas que recibió una compañera de nuestra institución.

Creemos que sería importante llegar al Poder Ejecutivo a través del Ministerio de Justicia y a la Corte Suprema de Justicia. Les solicitamos realizar una acción solidaria a través del envio de un correo a las siguientes direcciones electrónicas, con copia a la Liga
ladh@velocom.com.ar

Muchas gracias.

Un abrazo.

Graciela Rosenblum – Presidenta
José Schulman - Secretario
Nora Podestá - Comisión Internacional LADH


Sr. Ministro de Justicia Seguridad y DD.HH.
anibalfernandez@speedy.gov.ar
Sres. Miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación
consultas@csjn.gov.ar
prensa@csjn.gov.ar


Sugerimos también el siguiente texto

"El domingo 22/03 , en el acto por Floreal (Negrito) Avellaneda, asesinado por la dictadura a los 15 años, y que se realizara en lo que fue el centro clandestino de detención Mansión Seré, Municipio de Morón, la joven militante de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre María Soledad Laruffa entregó a Iris Avellaneda, madre del Negrito y Vicepresidenta de la LADH, una remera estampada con la imagen de su hijo. El lunes, María Soledad fue amenazada por teléfono y el jueves fue interceptada por dos desconocidos que circulaban en una moto sin patente con los rostros ocultos por los cascos, que volvieron a amenazarla, ahora de manera personal, evidenciando la existencia de un grupo en condiciones de actuar secuencialmente.
La LADH presentó la denuncia ante la Justicia Federal. El Juicio Oral contra los Generales Santiago Omar Riveros y Fernando Verplaetsen por su responsabilidad en el secuestro, desaparición y posterior asesinato del joven Avellaneda comenzará el próximo 27 de abril. Entendiendo que la acción es una clara provocación intimidatoria contra quienes luchan para quebrar la impunidad, hacemos llegar nuestra preocupación y solicitamos se arbitren las medidas tendientes a evitar el accionar de estos grupos cuya metodología recuerda a los Grupos de Tareas, inaceptable en democracia, como asimismo se garantice el normal desarrollo del juicio de Floreal Avellaneda. El Estado argentino tiene la obligación de garantizar la actividad de los militantes de los organismos de DD.HH









"La verdad es tan dificil de negarla como de esconderla"
Ernesto Che Guevara

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MEMORIA. EL MUSEO REGIONAL DE LA CIUDAD DE SAN LORENZO Y LA HISTORIA DE ALBERTO LOSADA, UN NN QUE RECUPERO SU IDENTIDAD.

MEMORIA. EL MUSEO REGIONAL DE LA CIUDAD DE SAN LORENZO Y LA HISTORIA DE ALBERTO LOSADA, UN NN QUE RECUPERO SU IDENTIDAD.

El de Alberto Isidoro Losada fue el único de los cuerpos enterrados como NN en 1975 en el cementerio municipal de San Lorenzo, cuya identidad pudo ser recuperada. La lucha tenaz de su familia durante todos estos años, el espacio abierto en el museo sanlorencino, el compromiso de la vicegobernadora Griselda Tessio y el trabajo minucioso, científico y testimonial del antropólogo Juan Nóbile.



Por Alicia Simeoni

"Es una tristeza tan grande que te den semejante 'chicazo' en una urnita así de pequeña". Américo Losada, 81 años, residente en Córdoba, dibuja con sus manos el tamaño del pequeño espacio que ocupaban las cenizas de su hijo cuyos restos fueron encontrados, y luego identificados, en el cementerio municipal de la ciudad de San Lorenzo. El de Alberto Isidoro Losada fue el único de los cuerpos enterrados como NN en 1975 cuya identidad pudo ser recuperada y su estampa fotográfica de cuando tenía alrededor de 20 años -lo asesinó el terrorismo de Estado a los 22-, integra ahora la muestra Espacio de la Memoria del Museo Regional de la ciudad de San Lorenzo. Esa muestra que armó y preparó el antropólogo Juan Nóbile, quien es perito oficial nombrado por el Juzgado Federal Nº 4 de Rosario para investigar los enterramientos clandestinos en la necrópolis de la vecina ciudad, está dedicada ahora a que nadie olvide el genocidio, al compromiso con la vida y con la educación permanente de la sociedad. Américo Losada y su hija Marta, casi cuatro años menor que Alberto, fueron los invitados especiales de la presentación que Nóbile hizo, en Rosario, del Espacio Memoria junto al intendente sanlorencino Leonardo Raimundo y a la vicegobernadora Griselda Tessio, en la Sala Rodolfo Walsh de la sede del gobierno provincial. Homenaje a la tenacidad del padre en la incansable búsqueda de su hijo. Testimonio de la herida permanente en la vida de una de las 30.000 familias que en la Argentina quedaron destrozadas por la acción del terrorismo de Estado que comenzó mucho antes del golpe militar de 1976. Los familiares, cada uno, hizo lo que pudo con su dolor.
"No puedo decir que estoy alegre porque lo encontré después de tanto buscarlo, sólo tengo un poco más de paz porque sé donde está, pero el dolor es el mismo. Piense lo que significó que entraran a mi casa a semejante muchacho, medía 1.97, adentro de una urnita. Yo no vi cuando armaron sus restos, no quise llevar más angustia a mi mujer que tenía miedo que me hiciera mal. Pero sí lo vio mi hija Marta y no tuvo dudas, era Alberto. Yo ya había visto algo de las excavaciones en el cementerio de San Vicente, en Córdoba, y me daba mucha rabia y dolor. Pero me sobreponía un poco, esos restos no eran de mi hijo". En este caso el desempeño del Equipo de Antropología Forense, el de la otra perito, la historiadora Gabriela Aguila y de Nóbile en particular permitieron que "no se tengamos dudas, y que toda la investigación, y luego la reconstrucción de los restos de Alberto permitieran decirle a mi hija, 'este es tu hermano".
Alberto Isidoro Losada tenía 22 años cuando desapareció y había nacido el 25 de febrero de 1953 en la ciudad de Córdoba. Don Américo vio por última vez a su hijo el 22 de marzo de 1975, cuando el chico se fue de la casa familiar en la capital mediterránea. La reconstrucción histórica habla de que vino a Rosario en su condición de militante del ERP?PRT. Siguiéndole los pasos, la vivienda de los Losada fue invadida de inmediato por las bandas parapoliciales y un tiempo después, el 15 de mayo de 1975, alguien golpeó la ventana de la casa y les dijo que lo habían matado en Casilda. Al día siguiente, Losada padre ya estaba en Rosario, donde comenzó el derrotero que duró más de 30 años golpeando las puertas del Comando del II Cuerpo de Ejército, las dependencias policiales y judiciales sin que nadie le diera respuesta. En ese camino fue recibido en la organización Familiares de Detenidos-Desaparecidos por Razones Políticas y Gremiales y Alicia Lesgart le tomó su primera denuncia que más tarde integraría las recepcionadas por la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas).
Cuando le preguntaron a Juan Nóbile si quería invitar a alguien a la presentación de la muestra pidió la presencia de Américo Losada. "Uno los busco creyendo que va a encontrar alivio pero no, el dolor, al encontrarlo, sigue igual".
Losada padre recordó con Rosario/12 -como ya lo había hecho cuando este diario publicó en exclusiva la información acerca de la identificación de los restos de Alberto Isidoro Losada-, que trabajaban juntos en la planta de Materfer, la fábrica de materiales ferroviarios. Lo hacía de día y de noche terminó su bachillerato como técnico electrónico para entrar luego en la carrera de ingeniería. "Le gustaba el básquet y el fútbol, medía 1.97, a los 16 era titular de un equipo de básquet de primera B, también tocaba la guitarra y era bueno", dijo el jueves pasado en la sede de la gobernación. En ese año, en 1975, en pleno reinado de la Triple A que actuó bajo el permiso y la protección del gobierno de Isabel Perón, "no se podía hablar -recuerda Losada-, en el sindicato andaban armados y me decían 'dígale a su hijo que no conteste'. 'Bueno, entonces, ustedes no lo hinchen, no lo molesten a él' les repondía yo. Cuando le decía que se vaya, porque corría peligro por su militancia, él me contestaba -no, no me voy a ir, si nos vamos todos no queda nadie y van a hacer lo que quieran con nosotros".
Cuando don Américo vino a Rosario y fue al Comando, muy a secas le dijeron que el juzgado de instrucción funcionaba "en el cuartel". Fue y volvió de distintos lugares y un militar, del que no sabe su nombre, pero recuerda que tenía alguna 'tirita', mostró un rasgo de humanidad y le pidió el número de documento de su hijo para averiguar qué pasaba. Losada se lo dio y después de un rato, cuando volvió a preguntarle, el hombre vaciló y sólo le contestó que ya le informaría el juez de Instrucción militar. "Ahí fue que yo me dije a mí mismo que mi hijo estaba muerto"
La vida de los Losada en Córdoba transcurrió con la angustia interminable de quienes buscaron a sus familiares -y aún lo siguen haciendo-, con una presencia siempre invocada, la del hijo, el hermano, el tío, que nunca aparecía. "En algún sentido era como un fantasma", así ocurría para mis hijos, dice Marta, la hermana de Alberto. Al escucharlos a ambos, padre e hija, aparece impiadoso el drama de las familias a quienes les arrancaron alguno de sus integrantes con el permiso estatal y donde cada quien hizo con el dolor lo que pudo. Américo Losada fue quien se dedicó a recorrer cada punta, cada hilo que aparecía y que podía acercarlo a saber qué había sucedido con su hijo.
-¿Qué querés recordar de tu hermano?, le preguntó este diario a Marta Losada.
-A mí todo esto me hace muy mal, yo no soy de ir a todos los actos, tampoco lo hacía mi madre. Mi padre siempre fue sólo. ¿El hecho de haberlo encontrado? Uno siempre pensaba en eso como para decir, cierro un círculo, para que todo ese dolor que tuvimos durante 31 años salga, pero no se termina, sigue y sigue y es una herida que no se cierra nunca. Yo lo hablaba con mis amigas, no es lo mismo para el que entierra a alguien. Yo entré cuando armaron sus restos, pensé que si no lo hacía me iba a quedar mal con eso. Yo soy enemiga de idealizar a la gente, no era un ser perfecto, era como cualquiera de nosotros pero tenía el coraje y los ideales que tenían todos los jóvenes en los '70. Era un chico como cualquier otro, pero con tantas ganas de que todo cambiara, de que todo fuera de otro modo. Eso lo hacía distinto a los demás, a mí y al resto de los que no hicimos nada. Era 3 años y 7 meses más grande que yo. Esto de encontrarlo fue para mi mamá muy importante, ella murió al año siguiente de que lo identificaron. Cuando entraron la urna por un rato a casa, la traía mi hijo, a mi mamá se le vinieron 20 años más encima. Nos hizo bien para saber dónde estaba, pero a ala vez fue el fin de las esperanzas. Porque por más que uno se diga 'son tantas años, cómo voy a pensar que está vivo', el deseo y las ganas no se terminan. Es lo que nos tocó vivir. Mi hermano murió haciendo lo que quería. Hubo momentos en que tuve mucha rabia, por supuesto con lo que pasó y con lo que le hicieron, pero también con él. Cuando murió mi mamá pensé que si él no hubiera elegido lo que eligió nuestra vida hubiese sido diferente. Pero era lo que Alberto sentía y mi rabia es también porque hubiera querido tenerlo conmigo y haber compartido todo, mis hijos. En mi casa siempre se vivió con un 'fantasma'. Ahora pueden decir que tienen un tío que está en tal lugar, aunque el dolor siga toda la vida.
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Aniversario en la neblina

Aniversario en la neblina


Por Juan Gelman


El 24 de marzo se cumplió una década de la intervención de la OTAN y EE.UU. en la antigua Yugoslavia: 11 semanas de bombardeos implacables que dejaron un saldo de 2500 civiles muertos y numerosos heridos (www.news.bbc.co.uk, 24-3-09). La justificación de esta violación de la soberanía yugoslava: el genocidio de la minoría kosovar-albanesa de Serbia a manos del ejército y la policía del gobierno y la obligación moral de ponerle fin. William Cohen, entonces jefe del Pentágono de Clinton, habló de 100.000 asesinados como consecuencia de esa “limpieza étnica” (The Washington Post, 16-5-99), Hillary Clinton prácticamente obligó a su marido a participar en el ataque y hasta Susan Sontag sumó su voz a la de los neoconservadores: “Es complicado, pero no tan complicado. Existe algo que se llama guerra justa” (The New York Times Review, 2-5-99).
Todo avanza con el tiempo, pero el tiempo –en este caso– fue haciendo retroceder la cifra a 50.000 víctimas primero, a 25.000 después, luego a 15.000, para estacionarse finalmente en menos de 8000 civiles y miembros de las fuerzas de seguridad. Esto es repudiable, pero no alcanza la categoría de genocidio. La máquina de desinformación fue poderosa y hay quienes creen todavía que lo hubo. Pasó lo mismo con las presuntas armas de destrucción masiva de Saddam Hussein: bajo el manto de esa mentira, EE.UU. invadió Irak y es incontable la cifra de civiles iraquíes que han pasado a mejor vida desde entonces.
Las grandes potencias se dan “el lujo” de invadir a las otras con débiles pretextos aplicando el famoso principio que Hitler explicó en el capítulo 10 de Mein Kampf: “En una mentira grande siempre hay una cierta fuerza de credibilidad, porque tocando los estratos profundos de la naturaleza emocional de las masas, se las corrompe más fácilmente que por la vía consciente o voluntaria; así, vista la simpleza primitiva de sus mentes, se convierten con rapidez en víctimas de una gran mentira, más que de una pequeña... Nunca les pasará por la cabeza el fabricar mentiras colosales y no creerán que otros puedan tener la impudicia de distorsionar la verdad de manera tan vil”. Goebbels adensó el concepto: “La verdad es el mayor enemigo del Estado”.
Lincoln dijo alguna vez que se puede engañar a un pueblo por un tiempo, pero no a todo un pueblo todo el tiempo. Hay, sin duda, conciencia de esta sí que verdad y las injerencias militares en países extranjeros se abrigan hoy con un lenguaje que haría las delicias de George Orwell: se convirtieron en “el derecho a la intervención humanitaria”. En el 2005, la 60ª Asamblea General de las Naciones Unidas aclamó la moción canadiense de crear la Comisión Internacional sobre la Intervención y la Soberanía del Estado (Iciss, por sus siglas en inglés) que estableció la doctrina de “la responsabilidad de proteger”, asentada en el principio de que los Estados soberanos “tienen la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos de catástrofes evitables, pero cuando no pueden o no quieren hacerlo, la responsabilidad debe trasladarse a la amplia comunidad de los Estados” (www.iciss.ca).
El viejo colonialismo era más franco: iba directamente al grano, es decir, al oro y la plata, a las especias, a la captura de esclavos. Se asiste a otro retroceso de la posmodernidad.
La llamada obligación moral de proteger a pueblos desamparados cobijó el desmembramiento de Serbia, la creación del protectorado de Kosovo y finalmente su independencia en el 2008. Quienes criticaron esas decisiones fueron acusados de preocuparse por las “minucias legales” de la soberanía de los Estados más que por el sufrimiento humano. Rusia aprendió sin demoras la lección impartida por Occidente: poco después, reconoció la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, territorios reclamados por Georgia, y calificó este hecho de intervención humanitaria para frenar la campaña de limpieza étnica orquestada por el gobierno de Tiflis. La hipocresía de las grandes potencias macula la bandera de los derechos humanos.
Los medios y gobiernos occidentales presentaron al Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) –que el Departamento de Estado había antes incluido en su lista de grupos terroristas– como una respetable organización nacionalista que defendía y defiende los derechos de los kosovar-albaneses. Diez años después, el tráfico de drogas y la trata de blancas aparecen irremisiblemente cuando se habla de Kosovo. El crimen organizado ha financiado y financia al ELK con la aprobación de EE.UU. y aliados: en los archivos policiales de media Europa hay constancia de los lazos del ELK con los sindicatos narcos de Albania, Turquía y de la Unión Europea (The Times, 24-3-99), otra de las redes que la CIA utiliza para reunir fondos destinados a sus operaciones encubiertas. ¿Será ésta la moral subyacente del muy moral “derecho a la intervención humanitaria”?
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PINTADAS CONTRA LA UBA EN SAN MIGUEL Y A FAVOR DE RICO

Pintadas en San Miguel

Al iniciarse las clases en la nueva sede del Ciclo Básico Común de la UBA en San Miguel, aparecieron pintadas en contra de la institución, en las paredes de la propia sede: “Fuera UBA de San Miguel”, acompañada por “Rico Volvé”. La municipalidad local informó que “se sospecha que los autores son hombres de un grupo perteneciente a Aldo Rico”, el ex intendente carapintada. “Por respeto a la Universidad de Buenos Aires que llega a San Miguel a educar”, el municipio difundió que ya tapó las pintadas

http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-122186-2009-03-29.html


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Lanusse contra la Junta Militar

Por José Pablo Feinmann


El 13 de mayo de 1985, el teniente general Lanusse se presentó a dar testimonio en el Juicio a las Juntas de la sombría dictadura que se instaló en 1976 con el apoyo total del establishment, de las clases medias y con la complicidad, el silencio o la aceptación pasiva de toda la prensa del país. Lo que dijo en esa oportunidad está olvidado. Nadie lo cita. No ha tenido relevancia. Y es de lamentar, sobre todo, que sea ignorado por las nuevas generaciones de oficiales de un Ejército que –es nuestra opinión y, creemos, se desprenderá de los dichos de Lanusse– él se negó, con fuertes razones, a hundir en el lodo en que lo hundieron los que aplicaron en nuestro país las crueles doctrinas de contrainsurgencia que el ejército francés había elaborado a partir de sus experiencias (fracasadas) en Indochina y Argelia.
Para quienes en 1976 y 1977 estábamos en el país sometidos a una incertidumbre lacerante acerca de nuestras vidas, la noticia (cuidadosamente pasada, susurrada de boca en boca) que se dio sobre la actuación de Lanusse durante ese tiempo fue alentadora. Ya a mediados de 1976 nos llegó la siguiente versión: Lanusse se había entrevistado con Videla y le había hecho saber su oposición a lo que estaba ocurriendo, al método con que los militares de la doctrina francesa de contrainsurgencia (me permitiré llamarlos así) estaban actuando. “Basta de secuestros, general”, le habría dicho a Videla. “Detenciones, pero no secuestros.” Sólo esa frase nos llegó y es difícil olvidarla. Fue, durante un tiempo, lo único que tuvimos. Muchos no nos podíamos ir del país (no importa analizar aquí los motivos) y nos reuníamos con cierta frecuencia para analizar la situación de la seguridad. Esta palabra (tan de moda en estos días, otra vez) no se refería a la seguridad de la que hoy se habla. No la había lanzado a la escena política una diva de la farándula, ni había sido recibida clamorosamente por los medios. No, hoy los medios buscan por ese camino (ya ensayado con el célebre y patético cuasi ingeniero Blumberg) abrir un frente de ataque a un gobierno al que se le abren sin cesar esos frentes. Se pasa de uno a otro. Antonini, “el campo”, la seguridad, las instituciones, el republicanismo, etc. En fin, es un dato de los tiempos. Nadie, ninguna persona, ningún medio reclamaba por la “seguridad” durante esos años.
La mayoría, no obstante, tenía miedo, no se sentía segura. Creyeron que la Junta Militar había llegado para acabar con los subversivos y –limpio el país de ese problema– harían algunas obras de infraestructura (como el célebre Chocón-Cerros Colorados de Onganía) y luego se irían, como siempre, mal o bien, lo habían hecho. No fue así. Estos militares habían llegado para quedarse y los que desaparecían no eran sólo subversivos, a veces no se sabía por qué alguien desaparecía. Subversivo podía ser cualquiera. Se vivieron dos terribles años de terror. En el país existía la pena de muerte. Ese sueño que muchos hoy exigen. Pero era una pena secreta, clandestina. En Córdoba, en el lago San Roque, los buenos vecinos descubrían aterrorizados decenas de cadáveres que flotaban en su lecho: nadie sabía quiénes habían sido, qué habían hecho, por qué merecían una muerte tan cruel, tan anónima. Frente a mi casa había un almacén, lo atendía un español con aire de cansado o aburrido. Cierto día, con terror, me contó algo que le habían, a su vez, contado: en Avellaneda había aparecido un camión frigorífico que no llevaba reses, sino, colgados de los ganchos, jóvenes desnudos, casi desangrados. El, que no era joven y sólo había atendido su pequeño negocio a lo largo de los años, se sentía ahora inseguro, desprotegido en una jungla de muerte.
En el último número de la revista Barcelona aparecen, en la tapa, los personajes de la farándula que han reclamado durante estos días la pena de muerte para fortalecer la seguridad de los ciudadanos. Los farándulos se ven como monstruos sedientos de sangre, alguno lleva un hacha, otro un puñal, otra una metralleta, no recuerdo qué lleva la diva, acaso tiene a su cargo la conducción del tropel exterminador. Si uno da vuelta la revista la contratapa lo sacude. A mí, al menos, me estremeció como pocas cosas podrían hoy conseguirlo. Ahí están Videla y Massera y se lee: “24 de marzo de 1976, Día de la Inseguridad Nacional”. Ese día, es cierto, fue el del inicio incontenible de la Inseguridad Nacional. De la terrible inseguridad que duraría desde 1976 hasta 1983. Inmersos en ella vivíamos.
Así, nos llega un día la frase de Lanusse: “Detenciones, no secuestros”. También supimos que lo habían arrestado y que no era la primera vez. Lanusse (militar no exento de sombras, de errores o de culpas) había sido, hacia fines de 1973, absuelto por la militancia de la Jotapé. Ante la evidente predilección del general Perón por la derecha del movimiento, ante la publicación en el diario La Opinión de un documento reservado de increíble agresividad, una clara declaración de guerra y exterminio a la “infiltración marxista en el peronismo”, aparecieron en muchas paredes de Buenos Aires y el interior pintadas que decían: “Volvé, Lanusse, te perdonamos”. La elección de Perón sólo podía ser la de la represión clandestina. El Ejército jamás le haría ese trabajo. Habría sido risible. “¿Cómo, nos toma por idiotas? Usted llegó al gobierno respaldándolos sin cesar, santificando todo lo que hacían y, ahora que tiene problemas con ellos, ¿nos pide a nosotros que se los solucionemos? Hágase cargo del monstruo que usted creó, Perón.” Lanusse, en cambio, habría tenido el Ejército. Y el Ejército de Lanusse no habría sido clandestino ni sanguinario como la Triple A ni como el Ejército de Videla. La tortura, el asesinato masivo, los campos de concentración requieren de la clandestinidad. Los procedimientos “a la luz del día” los eliminan en un grado tan considerable que (ante el triunfo de las guerras de tortura y exterminio: Irak, por ejemplo) han concluido por ser juzgados inocuos, poco efectivos.
En el Juicio a las Juntas, el abogado defensor le pregunta a Lanusse cuál considera él que habría sido, comparándolos, el plan más efectivo para derrotar a la guerrilla: ¿el suyo o el del general Videla? Una intervención de Gil Lavedra impide la respuesta de Lanusse. Pero ya veremos que habría sido la siguiente: “No estoy dispuesto a enlodar el honor de mi Ejército por conseguir eso que usted llama una mayor efectividad en la lucha contra la guerrilla”. Porque Lanusse quería a su Ejército. Incluso llegaba a considerarlo suyo. “Mi Ejército”, decía. Fue precisamente ese amor al oficio de militar, al oficio que había elegido en su vida, el que lo llevó a cuestionar a la Junta que, según él (¡y vaya si tenía razón!), lo estaba manchando de sangre, educando a los nuevos oficiales (que veían noche a noche salir a los “oficiales ejecutores” con capuchas) para formar parte de una concepción “ilegal”, “clandestina”, de la lucha que un Ejército debe sostener, sea cual fuere la situación en que lo haga, o el enemigo que tenga enfrente.
Como dijimos, el 13 de mayo de 1985 Lanusse se presenta a declarar en el Juicio a las Juntas. El doctor Gil Lavedra le pregunta acerca de la desaparición de Edgardo Sajón, amigo y estrecho colaborador del general cascarrabias, antiperonista de larga trayectoria, creador del GAN y, por último, el hombre que le entregó el bastón y la banda presidencial a Héctor Cámpora y sonrió cuando lo hizo, al que todos llamaban el Cano por su pelo plateado. Tipo imponente, de alta estatura, ojeras, capacidad de mando y no mal político. Lanusse responde: “He prestado declaración (la pregunta concisa de Gil Lavedra se refería a cuándo había prestado testimonio sobre la desaparición de su colaborador secuestrado, JPF) primero en manifestaciones públicas, después de tener conversaciones formales y responsables con quienes entonces eran autoridades del Ejército y de la Nación, en el año ’77, horas después de la desaparición de Edgardo Sajón. Con posterioridad he prestado declaración ante el juez Olivieri, también he prestado declaración ante otros dos jueces con motivo de las querellas que me presentaran el general Camps y el comisario general Etchecolatz. También en diciembre del ’77 fui sancionado por el comandante en jefe; en agosto del ’76 ya fui sancionado por el comandante en jefe, aunque no tiene relación con el caso, sí tiene relación con mi permanente repudio a los procedimientos entonces llamados por izquierda, fue con motivo de una extraña y absurda manifestación pública del general Adel Vilas en Bahía Blanca, que cuestionaba el honor, la integridad moral de un ex colaborador mío, el doctor Malek, eso me implicó una sanción de parte del Presidente y comandante en jefe del Ejército; posteriormente en diciembre del ’77, recibí otra sanción del comandante en jefe del Ejército, previa una intervención de un Tribunal Superior de Honor, que no me sancionó ese Tribunal de Honor, pero sí me sancionó el comandante en jefe del Ejército; posteriormente en agosto del ’84 y en noviembre del ’84, he vuelto a recibir sanciones después de prestar amplia y total declaración delante de Tribunales de Honor del Ejército”.
Gil Lavedra le pregunta qué entiende por procedimientos por izquierda. La respuesta de Lanusse es incómoda. Dice que todos saben qué es eso. Que él se alegra de que ahora todos estén tan preocupados por esos procedimientos, y hasta “fastidiados”, que es, dice, una expresión de moda como es también “una moda” manifestarse indignados por los procedimientos militares, pero que, cuando él lo estaba, no había muchos con esa actitud. Cierto: ni el periodismo ni la Iglesia manifestaron preocupación por esos medios. La noticia de la muerte de Dardo Cabo fue dada de este modo en los medios: “Murió en un enfrentamiento el cabecilla subversivo Dardo Cabo”. ¿Era necesario dar la noticia según el repugnante lenguaje del poder concentracionario, como lo llama Pilar Calveiro? Caramba, ¿tanto se les pedía? ¿O los medios ofrecían más de lo exigido, vaya uno a saber por qué, pero sin duda no por economizar vidas humanas? ¿Y la Iglesia? Ni hablemos. Puso a sus pastores a tranquilizar las conciencias de quienes conducían los “vuelos de la muerte”. “Has cumplido con tu deber, hijo mío. No te atormentes. Es lo que Nuestro Señor te pide en esta hora difícil de nuestra patria.” Nada de eso les dijo Lanusse. Que no era periodista ni cura. Un solo gesto del Vaticano, claro, firme, habría detenido la matanza. Pero ahí donde se matan “marxistas” siempre hay un cura que bendice y ofrece consuelo divino. Lanusse no lo pidió. Porque enfrentó a los asesinos. En nombre de la pureza, del honor del Ejército. De aquí la vigencia permanente de sus palabras.
Lanusse dice que tuvo más de una entrevista con Videla. Le insiste en que esa lucha no se puede librar al margen de la ley, con oficiales encapuchados. Videla le dice que él conoce las órdenes escritas, las órdenes concretas y que no incluyen “esas cosas”. Lanusse, encrespado, le dice que él, Videla, no puede “ignorar lo que sucede”. Gil Lavedra le pregunta si ha enviado un “telegrama público”. Lanusse responde que sí. Gil Lavedra pregunta: “¿El 7 de abril de 1977?”. Lanusse confirma y aclara que se debió a versiones falsas, generadas no “por los propios periodistas, en términos generales”, sino “de algunos centros que generaban ese tipo de versiones particularmente en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, por medio de una agencia de noticias que se llamaba, creo, Prensa Argentina (...) y que particularmente recogía con mucha amplitud, prolijidad y oportunidad el diario La Nueva Provincia”. Envía, entonces, ese telegrama público en el que exige se le diga dónde está Edgardo Sajón, cómo fue que desapareció y a manos de quién o quiénes.
Resultan clarificadores de todo el andamiaje criminal, los nombres que van apareciendo en las declaraciones de Lanusse. Los nombres de quienes lo enfrentaron, persiguieron e hicieron asesinar o asesinaron a sus colaboradores. Tenemos: Suárez Mason, Etchecolatz, Adel Vilas, Saint Jean, Bignone, Camps (algunos serán mencionados más adelante) y al diario La Nueva Provincia, dirigida por el civil Vicente Massot, que no formaba parte orgánica del gobierno de Saint Jean y Camps, como Jaime Smart, pero trabajaba codo a codo con ellos. Como lo hizo la revista Gente en el caso de la fraguada muerte de Norma Arrostito. La noticia se da a conocer en diciembre de 1976. Gente, instruida directamente por la ESMA, publica las fotos que le entregan los hombres de Massera y, en la tapa, exhibe una foto de Arrostito con un sello burocrático que dice “muerta”. Alguna vez haré un análisis detallado de esta tapa que tiene el sombrío honor de ser estudiada por gran parte de los organismos de derechos humanos internacionales como un ejemplo de la banalidad del mal, el concepto que Hannah Arendt crea a partir del juicio a Eichmann en la ciudad de Jerusalén. Era mentira: Arrostito no había muerto. La ESMA quería dar esa noticia y llamó a sus medios predilectos para echarla a correr. Sobre todo a Gente, que hizo un despliegue digno del genio de su director, Samuel “Chiche” Gelblung. No se sabe qué fue de él: se dice que, con la llegada de la democracia y la certeza de carecer de trabajo a causa de sus antecedentes, se exilió en algún país europeo o asiático.
Lo cierto fue que Norma Arrostito, luego de ser vejada durante 410 días en el espacio concentracionario del almirante Massera, “fue asesinada con una inyección de pentotal el 15 de enero de 1978” (Gabriela Saidón, La montonera, biografía de Norma Arrostito, Sudamericana, Buenos Aires, 2005, texto al pie de la fotografía anterior a la p. 96). La orden de aplicar esa inyección final fue dada por el llamado Tigre Acosta. Pero Gente (y La Prensa y La Razón) da la noticia en diciembre de 1976, con más de un año de anterioridad. ¿Gente no formaba parte del gobierno de Videla, de la estructura de la ESMA? Falso. Massot trabajó junto a Vilas en la cacería de brujas de Bahía Blanca, por medio de la que algunos profesores sufrieron tortura, cárcel o muerte por poner en su bibliografía un libro de Paulo Freire o –el colmo, la pena de muerte sin atenuantes– de Marx. Massot ha sido un hombre obsesionado por la “subversión”, que él encontraba en todas partes. Y sigue encontrando: hoy la ve enquistada en un gobierno al que sueña aniquilar. Padece (diría Theodor Adorno) de la “insaciabilidad propia del principio persecutorio”, pero a Massot no le importaría por tratarse del juicio miserable de un judío que se escondía, para colmo, bajo su apellido materno. En suma, sería un error ver diferencia alguna entre la participación con las políticas de exterminio gubernamentales de los civiles Massot y Gelblung y las del civil Jaime Smart, ex ministro de Justicia de Saint Jean, hoy preso por delitos en una celda común por delitos reiterados, por crímenes masivos como la masacre de Pilar, en cuya planificación no sería difícil probar que participó y a cuya ejecución sin duda dio vía libre.
Desde Bahía Blanca se acusa a Lanusse por apoyar la subversión cultural. Y a su ministro Malek. La revista Cabildo (a la vez que publica unas “Reflexiones sobre la subversión cultural” del general Vilas, texto, esperemos, que no se lea en ningún ámbito militar de hoy) exhibe en su tapa una foto de Lanusse abrazándose con el presidente de Chile, Salvador Allende. O sea, Lanusse es comunista. No lo era, pero en 1972, en Washington, se negó a colaborar con el plan de la CIA para destituir a Allende. Luego, en su libro de memorias Mi testimonio, afirma que, en Lima, declaró: “Si yo tengo que calificar a mi gobierno lo ubico como de centroizquierda” (Alejandro Agustín Lanusse, Mi testimonio, Laserre, Buenos Aires, p. 251). Y era, en efecto, un soldado que respetaba al civil y marxista Allende: “La vinculación que existió en todo momento entre Allende y yo jamás me llevó a disimular diferencias filosóficas. El 24, cuando recibí la más alta condecoración que otorga el país trasandino, la Orden al Mérito Bernardo O’Higgins dije: ‘Me resulta particularmente grato que el presidente actual de Chile le entregue esta condecoración a un soldado argentino’” (Lanusse, ob. cit., p. 243). Perón, que también era un soldado argentino, actuó de otro modo. No se vio con Allende, sino con Pinochet: “En mayo de 1974 (escribe Sergio Bufano, en un texto abiertamente incómodo para el “Padre Eterno”), en ejercicio de la Presidencia, Perón recibió al dictador Pinochet y se convirtió en el único presidente constitucional de América que se encontró con el tirano” (Sergio Bufano, Revista Lucha Armada, “Perón y la Triple A”, Buenos Aires, 2005). Todo lo demás que dice Bufano (que nadie podía ignorar que, en ese momento, el Estadio Nacional de Chile era un campo de concentración o que el encuentro Perón-Pinochet fue el primer antecedente del Plan Cóndor) lo analizaremos en otro momento, seguramente en nuestro trabajo sobre el peronismo, que este diario gentilmente publica. También ahí haremos una interpretación más extensa y, si no definitiva, sin duda más ajustada y totalizadora de la figura de Lanusse. Que, en el Juicio a las Juntas, a propósito de la desaparición y asesinato de Elena Holmberg, narra que Enrique Holmberg, hermano de Elena, le cuenta que fue a la Unidad de Tigre con Suárez Mason. Que el jefe de la unidad le reconoce a su superior que –en un río de Tigre– encontraron un cadáver con un anillo que tenía las iniciales E.H. Suárez Mason enfurece y le pide le entregue ese cadáver. El jefe de la unidad dice que no lo tiene. Y Lanusse, en el Juicio, ante todos, claramente, dice: “El jefe de la unidad del Tigre le dijo entonces a Suárez Mason que él tenía razón en recriminarle, pero él se olvidaba que si han tirado más de ocho mil cuerpos al río, cómo reconocer cada uno”. ¡Ocho mil cuerpos sólo en un río de Tigre! Y el general Díaz Bessone, en el documental de Marie-Monique Robin Escuadrones de la muerte, dice muy seguro: “No habrán sido más de 7000. Pero, ¿cómo se puede pretender que fusiláramos a la luz del día a 7000 personas?”.
Actuar a la luz del día era la propuesta de Lanusse. “Hace un año yo pensaba igual que usted”, le dice Bignone en 1977. “Entonces –responde Lanusse–, hace un año yo pensaba una cosa de usted y ahora pienso otra.” Y le dice algo que ya citamos: “¿Cómo educar a los nuevos oficiales si ven todas las noches salir a sus compañeros o superiores encapuchados para cumplir tareas clandestinas?”. He aquí la cuestión: ¿cómo educar a los nuevos oficiales? Y aquí radica el punto débil de Lanusse: ¿no sabía él (comandante en jefe del Ejército, Presidente de la República) que los oficiales argentinos eran educados en tácticas de contrainsurgencia según la teoría de la escuela francesa? ¿No sabía que esa metodología incluye la tortura como herramienta central de la lucha? ¿No sabía que la tortura –para poder extenderse en el tiempo– exige la clandestinidad? ¿No sabía que el torturado suele morir y lo que aconsejaban los derrotados de Dien Bien-Phu y Argelia era hacerlos desaparecer? Es imposible que no lo supiera. ¿Por qué no intervino en los planes de estudio? ¿Por qué no los cambió por una teoría de la represión del terrorismo según la juridicidad del Estado? ¿Cómo era posible que López Aufranc –un cruzado del exterminio– fuera su amigo? Ese fue su error. Eso llevó a la muerte a Edgardo Sajón y a Elena Holmberg. Se trata de no seguir cometiendo ese error. No sé qué diría Lanusse en su defensa. Sin embargo, ese error no debe anular su valentía en medio de la Argentina de la masacre y el valor que hoy tienen sus palabras. Fue un militar que no quiso ver deshonrado a su ejército. Con él, la Argentina no hubiera padecido la catástrofe humanitaria que la desangró. Pero estaba muy solo y lo derrotaron.
Escribí estas líneas para los jóvenes cuadros del Ejército, para traer al presente la voz de un militar contradictorio pero esencialmente honorable, al que respeto, al que, a veces, he llegado a admirar. ¿Lo de Trelew? Se lo hizo la Marina. ¿Que no lo condenó? No podía quebrar su frente interno. Era Lanusse. No dije que fuera Dios. Fue, nada más, nada menos, un militar decente que enfrentó a los militares clandestinos, a los asesinos de civiles y a los asesinos de la honra de su Ejército.
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